DOLOR CRONICO

El dolor es un síntoma (como la fiebre, la tos, etc.),
una señal de aviso de nuestro cuerpo, que nos ayuda
a detectar que hay un problema o una lesión.
Distinguimos dos tipos de dolor:
Agudo: duración limitada en el tiempo con causa
orgánica conocida.
Crónico: persiste en el tiempo y en ocasiones la
causa que lo produce se desconoce, entonces el
síntoma (p. ej. dolor lumbar inespecífico) se convierte
en la enfermedad.
Cuando sentimos dolor, ¿es porque hay
algo en nuestro cuerpo que no va bien?
Normalmente es porque hay un daño o lesión que si
lo tratamos desaparece, y con él, el dolor.
Pero en muchos casos, el dolor o la intensidad del
mismo, no se corresponden con la lesión o daño
real; así podría haber dos personas que, ante la
misma lesión, tengan intensidades de dolor muy
distintas.
EXPERIENCIA
DE
DOLOR
Y entonces, ¿cómo se explica? ¿Nos inventamos
el dolor?
El dolor siempre es real y esto es porque la experiencia
de dolor se produce además de por causas
orgánicas, por otras psicológicas: cómo vivimos
ese dolor (sufrimiento emocional) y cómo reaccionamos
ante él. Todo ello influye en que nos duela
más o menos y en cómo afecta a nuestra vida.
¿Cuál es el tratamiento del dolor crónico?
• Tratamiento farmacológico y otras terapias
(fisioterapia, etc.).
• Intervención psicológica.
¿El tratamiento psicológico puede ayudarme
si tengo dolor crónico?
Hoy en día hay profesionales que te pueden orientar
para conseguir reducir tu experiencia de dolor y
así mejorar tu calidad de vida.
La intervención psicológica cuenta con técnicas
eficaces y contribuye a aumentar la efectividad de
los tratamientos médicos que recibimos para el
dolor crónico.
¿Cómo afecta a nuestra calidad de vida?
Numerosas visitas a médicos: distintos especialistas
y diferentes tratamientos.
Emociones negativas: pensamos que si tenemos
dolor es porque algo malo nos está pasando, y eso
nos asusta. El dolor nos baja el ánimo, nos preocupa,
estamos nerviosos, lo que incrementa nuestro
malestar y el dolor percibido.
Nuestras relaciones sociales y familiares: pueden
empeorar porque no estamos bien; nuestras conversaciones
se van centrando cada vez más en el
dolor, y compartimos menos momentos agradables.
Cambios en nuestros comportamientos: algunas
personas dejan de salir con amigos, ir al trabajo,
hacer cosas de la casa, salir al cine, hacer deporte,
etc. Sin darnos cuenta vamos eliminando las
cosas agradables de nuestra vida.
Que el dolor no controle tu
vida, aprende a controlarlo
tú a él, ¡puedes hacerlo!
¿Cómo se mantiene el dolor crónico?
SIENTO
Rechazo, peligro
Ansiedad, tristeza, frustración,
rabia
Preocupación…
CÓMO REACCIONA
MI CUERPO
Tensión muscular
Inactividad física (debilidad
muscular)
CÓMO REACCIONO
Dejo de…
Hacer tareas y actividades
cotidianas
Salir con amigos y familiares
Trabajar (baja laboral)
Hacer actividades agradables
QUÉ HAGO, QUÉ PIENSO
Me centro en mi dolor
No encuentro soluciones a mi
problema. No resuelvo
Impotencia, indefensión, falta
de control

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Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu Africana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas.

Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio.

Cuando él les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar todas las frutas, le respondieron: “Ubuntu”, ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?

Ubuntu, en la cultura Xhosa significa: Yo soy porque nosotros somos.

¿Qué reflexión te deja a ti esta manera de comportarse?

razones para el perdón

 

 

El perdón no ha sido considerado un objeto de estudio interesante para la psicología hasta hace pocos años.

En la última década han proliferado las investigaciones internacionales centradas en la psicología del perdón, probablemente impulsadas por el auge de la Psicología Positiva, que lo considera una de las fortalezas humanas debido a sus efectos positivos sobre el bienestar y la felicidad humana.

Las razones de la desatención histórica de la psicología hacia el perdón son varias. En primer lugar, se ha identificado el perdón como un tema religioso, que debe ser estudiado sólo desde la teología, la moral o la filosofía, o por aquellos que tienen unas determinadas creencias religiosas.

 

PERSPECTIVAS TEÓRICAS

 

 

En segundo lugar, el perdón es un constructo polémico en el campo de la salud mental. Esta polémica nace de definiciones cuestionables de perdón. Hay autores que asumen que el perdón permite que el agresor vuelva a agredir otra vez y que la víctima permanezca en una posición subyugada, que lo contemplan como el proceso

por el que la víctima es culpabilizada y el agresor es absuelto de culpa y responsabilidad, como un camino mediante el que la religión patriarcal y los sistemas sociales pueden mantener la sumisión femenina, o como una forma de aceptación de la propia vulnerabilidad que coloca a la víctima en una posición de ser herido por otro. Por ejemplo, Bloomfield y Fielder (1983, en Sells y Hargrave, 1998) definen perdón como simplemente

“dejarlo pasar” con una idea implícita de “simplemente lo olvidaré”. Otros autores (Bass y Davis, 1994, en Sells y Hargrave, 1998) critican el uso del perdón como intervención terapéutica desde el supuesto de que el perdón supone abandonar la ira, no mantener la responsabilidad del agresor y no tratar más de recibir compensación por el abuso. McAlister (1984, en Sells y Hargrave, 1998) entiende el perdón no como un proceso de reparación, sino como un imperativo: “el cliente puede no ser capaz de olvidar inicialmente, pero debe perdonar porque

tenemos la necesidad de no sólo ser perdonados sino también de perdonar” (p. 55). Estos conceptos de perdón suponen una amenaza para el bienestar de las personas que han sido dañadas, por lo que es fundamental revisar el concepto de perdón que mantienen tanto las víctimas como las personas que trabajan con ellas para evitar esto.

 

Definiendo el perdón

Cuando en una relación entre dos personas una resulta dañada como consecuencia de una agresión o una acción de la otra, se produce en un primer momento una experiencia subjetiva de “no-perdón”. Esta experiencia que sigue a un daño es un compuesto de respuestas cognitivas, afectivas y frecuentemente conductuales.

 

Williamson y Gonzalves (2007) describieron las respuestas más frecuentes del no-perdón, identificando, en el nivel afectivo, sentimientos de rabia, dolor, tristeza, confusión y una sensación de traición. En el nivel cognitivo, entre los pensamientos más comunes se encontraban las representaciones ofensivas del ofensor, fantasías o pensamientos de venganza, preguntas de por qué se ha comportado así el ofensor o si la víctima ha tenido alguna

culpa en lo acontecido y pensamientos de finalización de la relación con el ofensor. En el nivel conductual, la mayoría de los sujetos de su muestra mostraban comportamientos de evitación del ofensor o de distanciamiento en su presencia, mientras que sólo algunos expresaban su rabia o su dolor llorando o enfrentándose con el ofensor.

La experiencia negativa del no-perdón puede mitigarse de varias maneras, no necesariamente perdonando: aceptando el daño, haciendo re-atribuciones de los sucesos y circunstancias relacionados con la ofensa, manejando el estrés relacionado con el suceso, o mediante el control de la ira consecuente a la ofensa. El perdón es, por tanto, un recurso (entre varios) para manejar o superar este malestar.

 

Nos parece interesante la propuesta de Lawler-Row et al (2007), según la cual el concepto de perdón se

podría aprehender mediante tres dimensiones:

 

1. Tipo de respuesta: admite tres niveles, según los cuales el perdón puede ser experimentado como una conducta

(ej. reconciliación), una emoción (dejar ir los malos sentimientos); o como un pensamiento, que

puede ser especifico (sobre el hecho o el ofensor) o una actitud general (como creer que nadie es perfecto).

2. Dirección del cambio: puede ser el abandono o la reducción de las respuestas negativas (lo que se conoce como dimensión negativa del perdón, ya que implica la eliminación o desaparición de algo), o la aparición de emociones, pensamientos o respuestas positivas (dimensión positiva del perdón); el sujeto puede emplear un tipo de cambio, el otro o los dos.

3. Orientación, que admite dos niveles: el intrapersonal, centrado en sí mismo, o interpersonal, centrado en el otro. Los sujetos pueden emplear tanto un nivel como el otro o ambos en su concepto de perdón.

 

El perdón como herramienta clínica en terapia

 

Hay autores proponen que se abandonen los intentos de intentar definir el perdón como si fuera un constructo simple y unidimensional, considerando que el perdón tiene múltiples dimensiones y que incluye diferentes posibilidades tanto en orientación, en dirección como en formas de respuesta. Puede haber, por lo tanto, distintos caminos para experimentar el perdón; cuando un camino resulte imposible para una persona, es posible considerar que existen otras rutas.

 

No habría, pues, un único modo correcto de expresar el perdón; para unas

personas estará relacionado con un sentimiento o una emoción, mientras que para otros se expresará mediante

pensamientos o conductas.

 

Clasificaciones de perdón

 

Hay distintos conceptos de perdón entre los autores que investigan el tema. La primera clasificación de tipos de perdón que nos parece interesante presentar es la distinción entre el perdón unilateral o intrapersonal y el perdón negociado o interpersonal.

Según Enright y Coyle (1998) y Enright, Freedman y Rique (1994), el perdón es “el deseo de abandonar el derecho al resentimiento, al juicio negativo y a la conducta indiferente hacia quien nos ha herido injustamente, a la vez que se fomentan las cualidades de la compasión, la generosidad e incluso el amor hacia él o ella”.

 

Según Andrews (2000) es un proceso que se completa enteramente en el individuo dañado; no necesita

de nada ni depende de la posición del agresor. Es, en palabras de Enright, su principal defensor, “un regalo incondicional que se da a quien ha producido el daño”.

El acto de perdón es totalmente independiente

de las acciones del agresor, en el pasado, en el presente y en el futuro; en este sentido, se puede entender como un acto “completo”. Cuando una persona perdona de esta manera, no busca nada del otro, ni en la práctica ni en teoría. El perdón no se dirige al otro porque se piense que perdonándole su conducta cambiará.

 

Lo que el perdón unilateral es capaz de fomentar en el agresor de arrepentimiento y, por lo tanto, de producir futuros cambios, debe ser irrelevante para quien ha sido ofendido.

Otro concepto de perdón es el llamado perdón negociado. En esta perspectiva el perdón se ha definido como

una motivación para reducir la evitación o el distanciamiento de una persona que nos ha herido, así como la

rabia, el deseo de venganza y la urgencia para tomar represalias contra ella. El perdón también incrementa el

deseo de conciliación hacia esa persona si se pueden re-establecer las normas morales de forma que puedan

ser tan buenas o mejores que lo que eran antes” (Worthington, 1998, p. 108).

 

 La función del perdón como reparación

de relaciones o reparación de daño introduce un nuevo concepto de perdón, el “perdón negociado”

(Andrews, 2000). Según esta autora, el perdón transpira a través del diálogo real entre el agresor y la víctima.

El agresor se identifica con la acción agresiva y busca perdón por ello, lo que requiere tres pasos: la confesión (el agresor debe admitir que ha cometido dicha acción), el reconocimiento (debe asumir responsabilidad por dicha acción con todas sus consecuencias, sin poner excusas) y el arrepentimiento (debe expresar remordimiento

por lo que ha hecho). Muchas personas que han sufrido daño podrían estar dispuestas a perdonar a quienes les han herido si los agresores admitieran su acción, asumieran su responsabilidad y mostraran contrición.

En ausencia de estos pasos, sin embargo, la parte dañada podría renunciar a perdonar, creyendo que no se han dado los prerrequisitos para que el perdón tenga lugar.

Otra clasificación de tipos de perdón que se ha manejado en las investigaciones sobre este tema es la distinción entre el perdón disposicional y el perdón específico. McCullough y Worthington (1999) mostraron que el perdón puede ser medido como una disposición general a perdonar, mediante ítems sobre el valor que conceden al perdón y su percepción sobre su facilidad para perdonar; estaríamos hablando, en este sentido, de lo que

algunos autores llaman “personalidad perdonadora” y estaríamos evaluando el perdón como un rasgo estable

de personalidad. Sin embargo, también puede ser entendido como una actuación específica ante una agresión

particular, evaluando hasta qué punto han perdonado a un agresor concreto que les ha herido.

Es de suponer que las opiniones, creencias y actitudes reflejadas en el perdón disposicional se reflejen en un nivel mayor de perdón específico. Sin embargo, esta distinción entre ambos tipos de perdón ha permitido identificar

fenómenos como la discrepancia religión-perdón, mostrándose que las creencias religiosas se asocian de forma distinta con los dos tipos (Edwards et al., 2002; McCullough y Worthington, 1999).

 La investigación sobre la relación entre las creencias y prácticas religiosas de las persona y su nivel de perdón ha mostrado que,

aunque sí existe relación entre religiosidad y perdón disposicional o tendencia a perdonar, no hay sin embargo evidencia de relación significativa entre religiosidad y nivel de perdón mostrado en ofensas específicas (Tsang, McCullough y Hoyt, 2005). A esta distancia entre la doctrina religiosa general sobre el perdón y el perdón real

que muestran los creyentes se le ha llamado “discrepancia religión-perdón”.

La siguiente distinción frecuentemente manejada en la literatura científica es la que distingue entre el perdón a otras personas (ofensores) y el perdón a uno mismo. El perdón a uno mismo ha sido uno de los grandes temas olvidados en el estudio del perdón (Hall y Fincham, 2008). Los pocos autores que lo han estudiado han

tendido a aplicar los conocimientos sobre el perdón interpersonal a este tipo de perdón (Enright, 1996); sin embargo, parece que se han identificado varias diferencias entre ambos tipos de perdón. Por ejemplo, en el perdón

interpersonal las conductas de evitación se dirigen a la evitación del agresor, mientras que en el perdón a

uno mismo el agresor intenta evitar pensamientos, sentimientos o situaciones asociadas con la agresión. Parece además que el perdón a uno mismo depende de varios factores, como hacer actos de reparación a la víctima o

decidir no volver a cometer dicha agresión nunca más. Por último, la reconciliación es imprescindible en el perdón intrapersonal, no así para perdonar a otros (Enright, 1996). Son muchas las personas que experimentan

mayor dificultad para conseguir el perdón intrapersonal que el interpersonal; parece que los procesos necesarios

son diferentes, lo que hace necesaria la investigación sobre este tipo de perdón.

La última distinción que proponen algunos autores es la distinción entre el perdón sano o útil y el llamado

“falso perdón” o pseudoperdón, que es aquel perdón en el que el agresor mantiene su dominio y en el que inadvertidamente

se promueve el mantenimiento del daño. Perdonar no es olvidar ni pretender que no ha sucedido

nada. Negar la violación de la relación es una forma superficial de mantener la relación, que sin embargo continúa

decreciendo en calidad. El perdón, propiamente entendido, debería ocurrir desde una posición de fuerza,

no de debilidad, porque el perdonador reconoce una injusticia y la considera en lo que es. Los peligros del falso

perdón, o pseudo-perdón o servilismo son la manipulación, la negación, la evitación, la injusticia o la cronificación

del daño.

Probablemente distintas situaciones, relaciones o agresiones requieran un tipo de perdón distinto, ajustado a

cada una. No es lo mismo perdonar a personas que no se van a volver a ver en la vida que perdonar a alguien con quien convives diariamente, por ejemplo. No es lo mismo perdonar una agresión puntual y nueva que una agresión que se repite con frecuencia… Hay que profundizar en los tipos de perdón que requieren los distintos

tipos de situación o de ofensa, o los distintos tipos de relación con el ofensor y la calidad de dicha relación.

 

El perdón en la clínica

 

En el ámbito clínico se han propuesto distintas intervenciones diseñadas para estimular el perdón, que tienden

a centrarse en el daño de la ofensa y a dar tiempo para que la víctima exprese sus reacciones, pensamientos

y sentimientos. Todas tienen en común el trabajo sobre los siguientes puntos:

1. Reconocer la existencia de la ofensa y su importancia. Evitar la negación de la violación de la relación, a

la vez que se evita la reacción exagerada en el sentido contrario, magnificar el daño; este primer paso tiene

como objetivo ver la ofensa con más perspectiva (objetivarla y reducir los sentimientos de victimización innecesarios).

2. Intentar considerar el punto de vista del ofensor. Varios autores señalan que uno no puede perdonar sin entender al agresor (Andrews, 2000).

 En el proceso de perdón deben estar presentes, según Hargrave (1994) entre otros momentos el “darse cuenta”, que permite a la víctima reconocer y modificar los patrones destructivos que perpetúan los actos injustos, y el “entendimiento” que permite el reconocimiento de las limitaciones del agresor sin quitarle responsabilidad. El acto del perdón incluye la discusión de conductas

lesivas anteriores y muestra patrones relacionales alternativos. Si no hay contacto con el agresor,

entonces las perspectivas de un entendimiento genuino se reducen. El perdón no sigue siempre al entendimiento, pero un perdón que no está basado en el entendimiento, según Andrews (2000), está incompleto.

Perdonar una acción es un acto influenciado por nuestra capacidad de entenderlo (incluso si la ofensa no es algo que nos imaginaríamos capaces de hacer). Para entender por qué he sido dañado, debo entender primero el mundo del agresor. Esto es más que una estrategia para llegar al perdón, es algo central en él.

3. Sentir empatía con el agresor. Aquellos sujetos que perdonan al agresor tienden a mostrar altos niveles de empatía. Wade y Worthington (2003) consideran la comprensión o el entendimiento del ofensor por parte de la víctima importante, pero sólo porque permite que tenga lugar el componente fundamental del perdón: la empatía.

 La empatía sería, pues, un predictor crucial del grado de perdón o no-perdón que la víctima

siente hacia el ofensor. De hecho, las intervenciones que han tenido éxito promoviendo la empatía

de la víctima hacia el ofensor han ayudado también a estas víctimas a perdonar, encontrándose correlación

entre empatía y disminución del no-perdón. Parece que el efecto facilitador que tienen las disculpas

y la expresión de arrepentimiento es el de incrementar el sentimiento de empatía en la víctima, lo que facilita

el perdón. Ver el malestar o el sufrimiento del agresor por su acción nos ayuda a ponernos en su lugar y hacer reatribuciones más positivas (dicen algunos autores que esto se debe a que ya le vemos pagar parte de su “condena” con ese sufrimiento, se equilibra el daño).

4. Recordar ocasiones en las que nosotros mismos hemos sido ofensores y nos hemos sentido agradecidos por recibir el perdón de otros.

 

Efectos del perdón

 

En general, los resultados de distintos estudios, como vamos a revisar a continuación, sugieren que las intervenciones

que promueven el perdón pueden llevar a reducir los efectos negativos (para la salud mental) del “noperdón”

y producir incrementos en la auto-estima y la esperanza. Los niveles de perdón correlacionan positivamente

con indicadores de salud mental y negativamente con indicadores de estrés o disfunción.

Como ejemplos de investigaciones sobre el efecto del perdón en la salud mental, Mauger et al., (1992) estudiaron los efectos del perdón a uno mismo y del perdón a otros. Bajos niveles de perdón (de cualquiera de los dos tipos) correlacionaban con indicadores de psicopatología del MMPI; el perdón a uno mismo se relacionaba

más fuertemente con depresión, ansiedad y baja auto-estima que el perdón a otros. Hebl y Enright (1993)

publicaron el primer estudio empírico sobre la eficacia del perdón en la mejora de la salud mental. En su muestra

de 24 mujeres mayores, altos niveles de perdón se asociaron con altos niveles de auto-estima y bajos niveles

de ansiedad o depresión. Freedman y Enright (1996) aplicaron una intervención para estimular el perdón en

supervivientes de incesto. Las mujeres en tratamiento mostraron disminución en las medidas de ansiedad y depresión en comparación con las mujeres de la lista de espera.

Por otra parte, los estudios que relacionan el perdón y la salud física se han centrado fundamentalmente en los efectos adversos de la hostilidad (como componente del no-perdón) sobre la respuesta cardiovascular.

Perdón y hostilidad suelen tener una relación inversa. Lawler et al., (2003) controlaron los efectos del género

sobre las respuestas fisiológicas y encontraron que el perdón se podía describir como “un cambio en el corazón”.

El perdón como rasgo se asociaba con bajos niveles de presión sanguínea, especialmente presión diastólica.

El perdón como estado también se asociaba a menores niveles de tensión arterial y de tasa cardiaca. Ser

incapaz de perdonar una ofensa específica se relacionaba con incrementos en el tono cardiovascular y simpático.

Witvliet et al. (2001) estudiaron los correlatos físicos del perdón. Las imágenes de perdón se relacionaban con menores medidas de EMG del músculo corrugador, conductancia de la piel, tasa cardiaca y aumento de presión

en comparación con la reacción a imágenes de no perdón.

Los resultados sugieren, en general, que las respuestas de perdón o de no-perdón podrían tener efectos a largo

plazo sobre la salud sólo si son suficientemente frecuentes, intensas o duraderas.

Kaplan, Monroe-Blum y Blazer (1994) sugieren que el perdón puede ser integrado en la literatura científica

dentro del campo de estudio sobre estrés, afrontamiento y salud. Varios autores proponen que el perdón puede

ser considerado una forma de afrontamiento del estrés con efectos beneficiosos sobre la salud.

ENTENDER LA ESQUIZOFRENIA. POR MINIA MIRAMONTES

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Entender la esquizofrenia. Por Minia Miramontes.

La esquizofrenia es una enfermedad compleja que dificulta los procesos mentales y provoca alucinaciones, delirios, pensamientos desordenados y un lenguaje y una conducta inusuales (conocidos como “síntomas psicóticos”).


La esquizofrenia es una enfermedad frecuente y compleja que afecta a un 1% de la población general sin distinción de sexo. Los primeros síntomas suelen aparecer en adolescentes o jóvenes y su evolución puede ser crónica y en algunos casos altamente incapacitante.

El diagnóstico de la enfermedad se realiza atendiendo a las manifestaciones clínicas que incluyen una variada sintomatología que engloba distintas formas de enfermedad expresada a través de síntomas positivos, negativos, afectivos y cognitivos.

En las últimas dos décadas se han producido grandes avances en la aproximación a la enfermedad, que han contribuido de forma notable a su alivio sintomatológico, a un descenso del número de recaídas y a una disminución del número y del tiempo de hospitalizaciones, pero aún carecemos de marcadores específicos que permitan establecer un diagnóstico preciso.

Los distintos hallazgos en la investigación se encuadran dentro de planteamientos como la teoría del neurodesarrollo, que integra la información clínica y la proveniente de campos como la neuropatología, neuroquímica y neuroimagen. Las múltiples alteraciones encontradas están presentes en los distintos subtipos de esquizofrenia, independientemente de la gravedad, de los factores de riesgo implicados y de la evolución aguda o crónica. Existe la convicción de que los diferentes subtipos de esquizofrenia responden a principios causales distintos dentro de una concepción multifactorial (genética y ambiental) que pondría en marcha la enfermedad.

Hoy sabemos más de la esquizofrenia, aunque su tratamiento y validación diagnóstica sigue siendo uno de los mayores retos que tiene la psiquiatría. Sin duda, los avances de los últimos años nos permiten contemplar el futuro con un moderado optimismo en la medida en que ya disponemos de instrumentos que ayudan al diagnóstico y a la elección de tratamientos más seguros y efectivos.

Descargar el libro “Cómo afrontar la esquizofrenia: Una guía para familiares, cuidadores y personas afectadas” [4,1 Mb]

 

es3 La esquizofrenia puede cambiar drásticamente las vidas tanto de los pacientes como de las personas cercanas a ellos o que participan en su cuidado.

Para quienes participan en el cuidado de una persona con esquizofrenia podría ser difícil tratar los episodios psicóticos y los síntomas positivos y negativos que sufre el paciente. Cuidar de un amigo íntimo o un familiar que padece esquizofrenia puede ser un trabajo a tiempo completo, por lo que resulta muy difícil compaginar su cuidado con una carrera profesional o con el cuidado de otros miembros de la familia. Los cuidadores también podrían tener sentimientos abrumadores de pérdida y tristeza que afectarán a sus actividades familiares, sociales o laborales.

 

Cuidar de una persona que tiene dificultades de salud mental puede suponer un reto y conllevar un impacto práctico y emocional considerable en la vida del cuidador. Por ello, es importante que los cuidadores también soliciten ayuda y orientación para sí mismos.

 

Vídeos orientativos

http://www.psiquiatria24x7.tv/?videoId=88

http://www.psiquiatria24x7.tv/?videoId=87

http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=PgDT2XSX-zs

http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=RViYpNO0X54

http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=N_XnyZmnbHs

es2Una enfermedad mental grave, como la esquizofrenia, tiene muchas caras y puede ser analizada desde diferentes ángulos.

Los esquizofrenicos ¿son de verdad conscientes de su enfermedad?

Hay muchos tipos de esquizofrenia y muchos tipos de personas afectadas por esta enfermedad, además hay distintas fases en la enfermedad… Las personas afectadas por esquizofrenia pueden llegar a darse cuenta de que están enfermos y de cuáles son los síntomas de su enfermedad. Conscientes de sus síntomas los son siempre, lo que importa de verdad es que sepan que estos síntomas están producidos por la enfermedad y que el tratamiento sirve para disminuirlos o hacerlos desaparecer. De todas formas, pese a la “leyenda negra”, lo más frecuente es que entiendan perfectamente su situación, sobre todo tras un tiempo de evolución. Al inicio de la enfermedad es más difícil llegar a este punto, también es complicado cuando los fármacos se toman mal o no son eficaces.

Tipos de esquizofrenia

Por lo general son reconocidos 5 tipos de trastornos
esquizofrénicos: paranoide, desorganizado, catatónico,
indiferenciado y residual.

A pesar que algunos clínicos
cuestionan el intentar identificar tipos diferentes
para el tipo de esquizofrenia, la investigación ha
encontrado apoyo para el tipo de paranoide. Existe poca
información acerca del tipo catatónico debido a que es
raro.

– Esquizofrenia paranoide: es la más común de todos los
tipos de esquizofrenia; y se caracteriza por delirios y
alucinaciones auditivas frecuentes. No son evidentes
otros síntomas tales como habla y conducta
desorganizada o afecto abatido. Los delirios de
persecución son los más comunes, sus interpretaciones
de la conducta y nocivos de los demás están
distorsionados, por ejemplo: un conductor de autobús
que sonríe con amabilidad es visto como alguien que se
ríe de ellos en forma burlona. Los individuos con este
tipo de esquizofrenia son propensos al enojo, ya que
muchos se sienten perseguidos.

– Esquizofrenia desorganizada: este tipo de
esquizofrenia se caracteriza por desintegración grave y
conductas regresivas que comienzan a una edad temprana.
Incluyen incoherencia o habla desorganizada frecuentes
y afecto abatido o inapropiado. Estas personas actúan
de una manera absurda, incoherente muy extraña “loca”.
Las respuestas emocionales ante situaciones de la vida
real son típicas, pero una sonrisa boba y una risa
infantil pueden mostrarse en momentos inapropiados.
También tienden a cambiar de tema en lugar de seguir
una idea.
Debido a la gravedad del trastorno, muchas personas son
incapaces de cuidarse por sí mismas.

– Esquizofrenia catatónica: la perturbación en la
actividad motora es la principal característica de este
tipo de esquizofrenia.
Los catatónicos excitados son inquietos e hiperactivos.
Duermen poco y están en marcha en forma continua hasta
que caen exhaustos. Sin embargo; los actos violentos
son frecuentes. Los catatónicos son represivos a la
actividad motora. Muestran prolongados períodos de
estupor y mutismo, a pesar de percatarse de todo lo que
sucede a su alrededor. Algunos pueden adoptar posturas
extrañas, sin querer cambiar de posición. Otros exhiben
una “flexibilidad cérea”, permitiéndose ser arreglados
y luego permanecen así por largos períodos. Durante las
etapas de retraimiento extremo, pueden no comer ni
controlar sus funciones de vejiga e intestino.
Pueden alternar la actividad motora excitada y el
retraimiento.

– Esquizofrenia indiferencial y residual: la
esquizofrenia indiferencial es diagnosticada cuando los
síntomas de la persona son obviamente esquizofrénicos
pero mixtos o indiferenciados. Estos síntomas pueden
incluir perturbación del pensamiento, delirios,
alucinaciones, incoherencia y conducta deteriorada
gravemente. En ocasiones resulta ser una etapa previa
de otro subtipo.
El diagnóstico de esquizofrenia residual se reserva
para personas que han experimentado al menos un
episodio de esquizofrenia en el pasado, pero que en el
presente no exhiben señales prominentes para la
clasificación como uno de los tipos de esquizofrenia.

– Trastornos psicóticos considerados antes como
esquizofrenia:
En el DSM-II se consideraba que los episodios
psicóticos breves representaban formas agudas de
esquizofrenia. Con el DSM-III-R y el DSM-IV, las
personas que tienen episodios “esquizofrénicos” que
duran menos de 6 meses son diagnosticadas ahora con
“trastorno psíquico breve” (hasta un mes) o “trastorno
esquizofreniforme” (más de un mes y menos de 6 meses).
Hay evidencia de que las personas con síntomas
generales a los de la esquizofrenia con duración de
menos de 6 meses tienen mejor pronóstico que los que
tienen una perturbación más prolongada.
Los trastornos, a menudo son de características
similares. El DSM-IV recomienda que el diagnóstico de
trastorno psíquico breve y trastorno esquizofrénico
sean provisionales. Debido a que la duración es el
único medio preciso de distinguir entre los trastornos.

es4¿Cómo puedo asegurarme de que [mi novio / mi hermano / mi amigo/ …] sufre esquizo

frenia?

Si crees que puede te

ner esquizofrenia puedes recomendarle ir a un psiquiatra para que le haga un reconocimiento. Sé sincero con él y dile que estás preocupado por su salud. El diagnóstico de esquizofrenia no es fácil, precisa de un psiquiatra con experiencia que trate a menudo con la enfermedad. Aunque te parezca claro que la tiene, ten en cuenta que es complicadísimo el llegar a esa conclusión: es uno de los diagnósticos más co

mplicados en la psiquitría, incluso para un profesional. Además la relación de cercanía familiar o afectiva con el paciente hace muy complicado el diagnóstico. Yo mismo me sentiría incapaz de hacerle este diagnóstico a un familiar mío, recomendaría a mi familiar que consultase a un psiquiatra que no le conociera porque sería mucho más fiable.

Familias de origen

No hay una familia tipo, sino muchos tipos

de familias, diferenciadas por su cultura, su posición social, su capacidad de afrontar los problemas y de tomar las decisiones necesarias; familias con distintos grados de cohesión entre sus miembros, y un largo etcétera.

Además no es igual la situación de una familia que se encuentra con un hijo recién nacido al que diagnostican una enfermedad mental grave, que otras que descubren que sus hijos adolescentes o jóvenes, que hasta ese momento se habían distinguido por ser personas esforzadas y exigentes, se vienen abajo en un momento determinado al emerger en sus vidas un brote esquizofrénico. O cuando una pareja que lleva varios años de convivencia se da cuenta que uno

de sus miembros padece una enfermedad mental grave. O la familia que debe afrontar en los abuelos una enfermedad mental degenerativa, u otras situaciones similares.

Síntomas de la

es5

Los síntomas de la esquizofrenia se dividen en dos grandes grupos: los síntomas positivos, que son experiencias anormales, y los síntomas negativos, que son más la ausencia de conductas normales.

Síntomas positivos:

Alucinaciones: las alucinaciones son experiencias sensoriales que se originan dentro del cerebro en vez de tener su origen en el exterior. Las alucinaciones son causadas por la enfermedad. Los pacientes esquizofrénicos algunas veces oyen voces (alucinaciones auditivas) que una persona sana en la misma situación no escucha, o ven cosas (alucinaciones visuales) que otras personas no perciben. El paciente habitualmente tiene dificultades para diferenciar lo que son alucinaciones y lo que son percepciones reales. Es la percepción de un objeto externo sin que dicho objeto exista

 

Ideas delirantes: son creencias falsas y persistentes, que son constantes, no fluctuantes o simples deseos que no son compartidos por otros que el paciente cree reales incluso aunque haya pruebas de lo contrario. Por ejemplo, pacientes que afirman ser seguidos por la CIA, o ser autores de determinados inventos…

Ideas delirantes

Son irracionales y totalmente creídas por el paciente que pertenece a ellas. Es una idea engendrada psicológicamente (No tiene conexión con nada) y que el individuo se cree totalmente. El delirio no tiene comprensibilidad psicológica.

Estas ideas a veces aparecen de improvisto pero normalmente tienen un tiempo y unos pasos de formación llamado a todo esto periodo de trema.

Periodo de trema es un periodo de angustia inicial en que las ideas se van organizando hasta se sistematizan. Primero empieza a notar nuevos significados en lo que le rodea (números, cosas…) Estas significaciones se van organizando todavía sin mucho sentido en ciertas ideas delirantes enganchadas patológicamente.

Hasta que este delirio se sistematiza, y la angustia del cambio de realidad que experimentó es superada y crea totalmente la idea delirante. Lo tiene todo bien razonado, al ir instaurando paulatinamente una idea delirante.

Hay diferentes tipos según el contenido:

a) Depresivas.

Se puede sentir responsable de un hecho catastrófico (Estoy arruinado y mi familia pagará las consecuencias). Se da cuadros depresivos.

b) Grandeza.

Ideas que en su contenido ensalzan la personalidad del sujeto (Gran inventor, porque tiene poderes mágicos…). Se da en cuadros maníacos.

c) Persecución.

Ideas delirantes mas frecuentes y que conforman el mundo paranoide y esquizofrénico paranoide. Ideas con contenido de perjuicio o de daño. Conocimiento absoluto delirante de daño. Cuadros esquizofrénicos.

d) Celotípicas.

El contenido de las ideas son los celos. Los celos pueden ser sociales, hasta esta idea delirante celotípica en que todo indicio o cualquier indicio le lleva a pensar que le engañan.
Y para sostener el delirio, lo mantiene hasta la situación actual celotípica(Lo dijo hace años y ahora sé que me engañaba). Cuadros esquizofrénicos y paranoides.

e) Transformación cósmica.

f) Posesión.

g) Reforma.

h) Querulante.

 

Tipos de delirios:
– De grandeza: la creencia del individuo de que es una
persona famosa o poderosa. Los esquizofrénicos asumen
identidades de otras personas.
– De control: la creencia del individuo de que otras
personas, animales u objetos están tratando de influir
o tomar control de él.
– De transmisión del pensamiento: creencia de que otros
pueden escuchar los pensamientos del individuo.
– De persecución: la creencia del individuo de que
otros están planeando un complot, maltratando, e
incluso tratando de matarlo.
– De referencia: la creencia de la persona de que
siempre es el centro de atención, o de que todo lo que
sucede se vuelve contra ella.
– Retiro del pensamiento: la creencia del individuo de
que los pensamientos están siendo eliminados de su
mente por otras personas.
– Síndrome de Capgras: convencimiento en la existencia
de “dobles” idénticos.

 

Qué son los Trastornos del pensamiento

Debido al deterioro de la funci

ón cerebral, el pensamiento lógico de muchos pacientes está deteriorado si se compara con el que tenían antes

de su enfermedad. Sus pensamientos y su lenguaje están alterados. Tipos (no se dan sólo en la esquizofrenia):

 

En el pensamiento influye la presión ambiental y la situación que rodea para dar un razonamiento y llegar a una conclusión. Hay un razonamiento concreto (mas real) y otro abstracto (mas irreal)

En el pensamiento funcionan las semejan

zas:

– Asociación de semejanza (Rojo- sangre).
– Asociación por contraste (Blanco- negr

o).
– Asociación por contigüidad (Canción- cosas recordadas).

Los trastornos del pensamiento en la persona se dan a dos niveles:

– Cursos.

El curso es el camino que sigue el pensamiento para razonar, hablar, informar… etc. En todo razonamiento hay un hilo conductor que lleva de una cosa a otra, esto puede tener fallos que nos llevan a trastornos en el curso del pensamiento.

– Contenidos.

Lo que sí informa, lo que se razona. No como se hace sino el que, el resultado final.

Curso del pensamie

nto, trastornos:

1. Bradipsiquia.

Lentificación en la manera o forma de pensar. El hilo que sigue es muy lento, necesita mucho tiempo para asociar una cosa con otra. Se puede ver en la latencia de

respuesta (ante una pregunta se tarda mucho en responder). Hay también un retardo en la asociación de ideas. Este retardo es característico de las depresiones (la obnubilación suela ir acompañada de bradipsiquia)

2. Taquipsiquia.

Demasiada rapidez en la manera o forma de pensar, el hilo que sigue es acelerado, es un pensamiento acelerado que le lleva a hilar mal el razonamiento. La taquipsiquia en su grado máximo, en extremo llega a la fuga de ideas.

La taquipsiquia se asocia al cuadro maníaco. Se puede ver alterada la afectividad del paciente. Este trastorno produce euforia.

En la Bradipsiquia y Taquipsiquia se establece

n diferencias en cuanto al grado de intensidad.

3. Prolijidad.

Pensamiento con sobreabundancia de detalles, detallista. Persona que cuenta los pormenores de los pormenores.

También se puede hablar de minuciosidad, no es

un pensamiento troncal, te vas por las ramas, pierdes el hilo y no te acuerdas de lo que estabas diciendo. Pierde el hilo a través de un largo y monótono discurso. Característico de cuadros obsesivos y demencias.

4. Perseveración.

Está relacionada con la prolijidad. Es la repetición constante de una idea con discursos muy semejantes. La proliferación termina en perseverancia y la perseveración es prolija.

La prolijeración se hace porque intenta seguir un camino troncal pero siempre encuentra asociaciones. Cambia de tema con detallista.

La perseveración no avanza porque inicia un ca

mino y como repite, no avanza. Al no avanzar en razonamientos abstractos, rechaza en lo que está y no avanza. Es monótona y continuada.

5. Interrupción.

Llamada o bloqueo o robo de pensamientos por las conclusiones a las que llega el paciente. Se habla y se y pierde el hilo, hay una interrupción de pensamiento. En caso exagerado está hablando de algo y queda en blanco y dice que le roban el pensamiento (delirio)

6. Disgregación.

Asociación de conceptos incongruentes. No hay c

onexión lógica en este pensamiento. Los elementos no tienen no tienen conexión lógica entre ellos, no hay asociación de conceptos. Se ve en cuadro

s delirantes (esquizofrenia)

7. Incoherencia.

Similar a la disgregación. Conglomerado inconexo de percepciones, representaciones y recuerdos, ni siquiera hay conexión gramatical. Se suele d

ar en cuadros avanzados de demencia donde el pensamiento es pobre.

8. Fuga de ideas.

Pensamiento acelerado, en grado máximo de taquipsiquia con lo que nos da numerosas asociaciones y el pensamiento carece de dirección fija, se dispara y va saltando de una idea a la otra. Llamado también “pensamiento saltón”. No hace un razonamiento troncal. Son ideas a toda velocidad constantemente.

 

 

Trastorno de la autopercepción:

A menudo, el paciente tiene una percepción distorsionada de sí mismo. La distinción entre él mismo y lo que le rodea puede ser borrosa.

 

La autopercepción consiste en percibir nuestras emociones, nuestra personalidad, ideas, deseos…. en definitiva conocernos de la manera más intima posible, para así pod

er formarnos una opinión sobre nosotros mismos. Es lo que se conoce como introspección.

Síntomas negativos:

  • Falta de energía y motivación: es un síntoma negativo frecuente. Debido a la enfermedad, muchos pacientes pierden su entusiasmo normal, su energía y su interés por lo que les rodea. Esto implica, con frecuencia, que los pacientes son incapaces de cumplir con sus obligaciones o de llevar una vida social normal.

 

  • Trastornos emocionales: el paciente pierde la capacidad de experimentar placer y no puede sentir emociones normales como lo hacía con anterioridad. Depresión, falta de autoconfianza o mal humor son alguno de los síntomas más frecuentes.

 

  • Retraimiento social: se observa a menudo estos pacientes. El paciente puede reducir sus contactos con otras personas al mínimo e, incluso, con sus amigos y familiares. Debe evaluarse a cada paciente por separado para saber si este rechazo al contacto con otras personas es expresión de un mecanismo de defensa contra la hipersensibilidad asociada a la enfermedad, o si bien el paciente debe de ser animado a tratar de romper su aislamiento social.
  • ¿La esquizofrenia se curará en un futuro?
    Nos gustaría que así fuera, pero no podemos adivinar el futuro. Lo que sí es probable es que continuen apareciendo medicamentos cada vez mejores y con menos efectos secundarios, como esta ocurriendo hasta el momento. También seguiremos avanzando en las investigaciones que nos ayudan a entender mejor cómo funciona y por qué ocurre esta enfermedad.
  • ¿Podré ser dejar de tomar medicamentos algún día?
    Cada caso es distinto. Lo más frecuente es que se necesiten medicaciones para poder estar estable. Pero no hay que pensar en términos de todo o nada. No es lo mismo tomar una dosis mínima de medicación que una dosis alta. Lo que sí sucede con bastante frecuencia es que con el tiempo se puede mantener la estabilidad con dosis mínimas que no tienen efectos secundarios.

¿Cuánto tardará en hacer efecto la medicación?

Las personas que toman medicamentos antipsicóticos responden en diferente medida. Sin embargo, con la medicación oral, deben alcanzarse niveles efectivos y estables en unos pocos días1, mientras que con la medicación inyectable, la primera inyección no comenzará a funcionar de inmediato. Puede tardar algún tiempo, a menudo semanas, en alcanzar unos niveles estables y eficaces de medica

ción, aunque algunos medicamentos inyectables nuevos son más rápidos. Con algunos fármacos inyectables también se necesita administrar fármacos orales hasta que la inyección consiga alcanzar los niveles efectivos de medicación.

¿Durante cuánto tiempo se precisa medicación?

Es muy importante tomar la medicación regularmente sin pausas (siguiendo las instrucciones del profesional sanitario) para mantener controlados los síntomas y evitar que reaparezca la enfermedad (recaída) o que los síntomas empeoren. Las personas con esquizofrenia necesitan recibir medicació

n incluso si se sienten mejor, o especialmente e

n tal caso, para mantener la mejoría. En muchos casos, los pacientes tendrán que tomar medicamentos antipsicóticos durante mucho tiempo, a veces durante el resto de su vida.

¿Tendrá efectos secundarios el tratamiento?

Todos los medicamentos pueden tener efectos secundarios, pero normalmente se pueden tratar. El aumento de peso, los síntomas extrapiramidales (SEP) y la sedación se consideran a menudo los efectos secundarios más problemáticos y pueden influir en la elección de la medicación9.

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No obstante, puede que algunas personas no experimenten efectos secundarios. Por lo tanto, es importante hablar con el médico acerca de los efectos secundarios que sí se produzcan. Los pacientes no deben interrumpir la medicación o cambiar la dosis sin hablarlo primero con su médico. Si una persona decide dejar de tomar la medicación o modificarla sin hablarlo primero con su médico, puede que no funcione tan bien como podría hacerlo. En ocasiones, los efectos secundarios duran tan solo unas semanas, mientras el cuerpo se adapta a la nueva medicación, o puede existir un modo de reducirlos, p. ej., el médico puede recetar un medicamento adicional para corregirlos.

¿Se puede interrumpir la medicación cuando uno se encuentra mejor?

La esquizofrenia es una enfermedad crónica, de modo que en muchos casos se producirán recaídas si se interrumpe el tratamiento. La mayoría de las personas incluso puede necesitar medicación a largo plazo para conseguir una mejora estable. Su equipo sanitario evaluará su medicación periódicamente.

 

  • ¿Se puede hacer una vida normal con esquizofrenia?
    En muchas ocasiones sí, sobre todo si se respetan las tres normas principales: acudir regularmente a tu psiquiatra, tomar bien la medicación y no consumir drogas. Para más información consulta la sección de Pronóstico en la guía sobre esquizofrenia.
    ¿Qué relación tiene la esquizofrenia con le enfermedad bipolar?
    La relación consiste en que tienen muchos síntomas en común y eso hace que a veces sea difícil el distinguir una de otra. Además están descritas enfermedades “intermedias” como el trastorno esquizoafectivo.
  • ¿Tengo esquizofrenia por haber tomado drogas?
    Nadie sabe por qué tienes esquizofrenia. Pero sí se sabe que las drogas aumentan la probabilidad de tenerla y ahcen que los síntomas aprezcan antes y sean más severos. ¿Qué hubiera pasado si no los hubieras probado? No se puede saber… Eso sí, si las sigues tomando, es muy probable que tu enfermedad empeore, ya que suelen aumentar los síntomas y hacen que la medicación pierda su eficacia.

Vivir con esquizofrenia hoy en día

La esquizofrenia no es literalmente un trastorno de “desdoblamiento de personalidad” como sugiere su nombre, pero las personas con esquizofrenia podrían ver el mundo de forma distinta a los que les rodean. Puede que oigan, vean, huelan y sientan cosas que no experimentan otras personas (alucinaciones), como por ejemplo, que escuchen voces, la alucinación más frecuente, o que crean fehacientemente en cosas que no son reales (delirios), como que haya personas que les leen la mente, controlan sus pensamientos o planean hacerles daño. Como su mundo se ve distorsionado a menudo por las alucinaciones y los delirios, las personas con esquizofrenia pueden sentirse asustadas, ansiosas y confundidas. Pueden convertirse en personas tan desorganizadas que pueden tener miedo y también asustar a las personas de su alrededor.

En el pasado, la visión sobre la esquizofrenia era muy limitada y se consideraba que las personas estaban “enfermas” o “sanas”. Sin embargo, la perspectiva ha cambiado en los últimos tiempos y ahora se habla de “bienestar”, que va desde el malestar agudo hasta el encontrarse “bien”, pasando por varios niveles de funcionalidad. De este modo, los pacientes con esquizofrenia pueden mejorar, en términos de aprender a convivir con la enfermedad, y alcanzar o recuperar niveles de funcionalidad diaria como personas. Hay varios elementos que pueden contribuir a este proceso, y su utilidad será diferente para cada persona.

El tratamiento desempeña una función crucial en la mayoría de las personas que sufren esquizofrenia. Además de los tratamientos con medicación, las terapias conversacionales también pueden enseñar a convivir con la esquizofrenia y en los grupos de apoyo los pacientes encontrarán una fuente útil de información valiosa.

Para algunas personas, la pintura, la poesía y otras artes creativas son herramientas fundamentales que les ayudan a recuperar el equilibrio en sus vidas. Para otros es muy importante el deporte, y estar en forma les ayuda a mantener la sensación de bienestar. Para muchas personas, lo que les permite empezar el proceso de recuperación y encontrarse bien es una combinación de medicación con otros enfoques.

Las personas con esquizofrenia pueden sufrir una alteración considerable en sus vidas. También sus familiares y amigos pueden verse profundamente afectados al observar los efectos de la enfermedad y tener que afrontar las dificultades que supone apoyar al paciente. Suele ser especialmente difícil para los miembros de la familia, que recuerdan cómo era la persona antes de enfermar.

 

Es importante tener presente que, pese a que padecer esquizofrenia puede resultar angustiante, no significa que las personas con la enfermedad no puedan disfrutar de una buena calidad de vida y, posiblemente, conseguir trabajo. Al igual que cualquier otra persona que padece una enfermedad a largo plazo o recidivante, quienes padecen esquizofrenia pueden aprender a controlar su afección y seguir con su vida.