A ESTOS DOS QUÉ LES PASA. LO QUE EL DESTINO HA UNIDO SU ALBEDRÍO LO SEPARA

A ESTOS DOS QUE LES PASA. Por Minia Miramontes

Se criaron juntos en un pueblo de no más de 300 habitantes.
No se llevaban más de 2 años, él mayor y le llamaban Juan, ella
más joven y la llamaban Emi.
Desde siempre y en cuanto los dos alcanzaron el tiempo de poder
relacionarse con entendimiento, se les recuerda siempre peleándose.
Ella llegó a partirle una ceja con una piedra y él siempre evitándola.
Los demás se preguntaban -qué les pasa- a ésos dos-.
Ella siempre compitiendo, en los juegos que compartían,
contra él y él siempre receloso contra ella.
Cuando llegaron a esa edad donde nos iniciamos en la llamada de la atracción, el misterio y el deseo hacia el otro, los dos destacaban en atractivo y facilidad para la conquista.
El mucho más centrado y con la atención fija en ellas, ella más dispersa; les llegó el momento de marchar al instituto del pueblo más cercano; cuando ella llegó él, dos cursos por encima, ya había adquirido la fama de ser uno de los chicos con más éxito, además, lo vivía y disfrutaba sin prejuicios; era la época en que los jóvenes más avanzados de este país se involucraban en partidos de izquierda, chicos serios implicados y codeándose con los de más edad en asambleas y manifestaciones antifranquistas mientras idolatraban a Che Guevara y cantaban Puerto Montt de Victor Jara con una actitud de total severidad impropia de unos bachilleres.
En esta etapa de instituto él la obvió por completo, observándola como a una cría sin interés. Ya no la evitaba, simplemente no existía.
Ella se afilió a un partido Maoísta, más radical que el Marxista-socialista de él con lo que en las asambleas reivindicativas del instituto ella siempre le hacía parecer mero un seguidor de Largo Caballero.
Mientras los demás se preguntaban -qué les pasa a estos dos-.
El se fue a la universidad como un atractivo chico de izquierdas, aunque de familia conservadora, ligeramente rebelde e inteligente para estudiar una carrera de ciencias.
Su mundo se abrió a través de nuevas expectativas y relaciones, estaba en el centro del universo, lleno de energía, fuerza y muy hábil para saber conjuntar sus necesidades con sus relaciones, mientras tomaba consciencia de su facilidad para conseguir de las mujeres las satisfacciones más perentorias.
Ella llegó dos cursos más tarde para estudiar una carrera de letras. Coincidieron en un grupo de teatro universitario, él jugando a ayudante de director, ella a revisora de guiones, aunque también actores, acabaron teniendo que interpretar juntos a una pareja de amantes, pero ella rechazaba el beso final de él, lo que solucionó el director con un giro de espaldas al público de los actores en este momento crucial de la obra que daba la sensación de estar besándose. Sus compañeros se preguntaban -qué les pasa a estos dos-.
Entonces él ya manifestaba su rechazo por ella a su pareja de entonces, aquella lunática que le había avinagrado sus juegos infantiles, sus primeros guateques y que le hiciera cuestionar su liderazgo en el instituto. Su pareja reaccionaba con la misma indignación que él.
Acabada su licenciatura él se marchó a trabajar a Madrid sin problemas para ascender en su trabajo y con la auto-satisfacción propia del que viaja por la vida sin demasiadas complicaciones, con una juventud y fortaleza y atractivo desbordante de lo que era plenamente consciente.
A los dos años, tuvo que acudir al entierro de su abuelo, un médico de pueblo en la dictadura, asequible ante las necesidades de los lugareños, que le hizo ser querido y valorado por las gentes; una mezcla de paternalismo y capacidad de interpelación por los asuntos de los habitantes del pueblo, donde Juan se crió, ante instancias superiores.
En el funeral la volvió a ver, encontrándola distinta con una fisonomía más hecha, refinada y estilizada, lejos de la adolescente tardía que dejara en la universidad. Su mirada hacia él era distinta, sin reto y lejana, quizás también con un toque de indiferencia; ella le dio el pésame con educación y ausencia. Aunque no tuviese el toque sofisticado de su pareja actual, su cara aniñada sin maquillaje junto con la clase natural, que a pesar de su carácter, siempre tuvo le revolvió. Además, la mirada de ella seguía provocándole la desazón que desde niño sentía ante esta mujer.
Tras la misa, acudió al bar de su pueblo, donde se reunieron, gracias a la época estival, la mayoría de los componentes del grupo infantil de antaño incluida ella; tras los saludos iniciales comenzaron las preguntas dirigidas a él sobre su vida en Madrid que se hizo el centro de atención dada la admiración envidiosa en los chicos y la admiración provocadora de las chicas; a la mitad de su relato de lo que era su vida, trabajo con constantes viajes internacionales; Emi, que escuchaba su monólogo al final de la barra con la vista fija en su copa de vino, en un momento, soltó a bocajarro y en alto
–Menos lobos, caperucita-, dejándolo a él callado y ligeramente avergonzado, tal fuera el tono de la expresión de ella y sin mirarle abandonó el local, tras un silencio embarazoso. Todos pensaron -qué les pasa a estos dos-.
A los pocos meses ella se casó y se fue a Barcelona, la ciudad de su marido, a él lo destinaron a Yakarta, Dubái, Pretoria… una vida itinerante, con relaciones fijas, esporádicas y sin asentamiento, dinero, valoración social.
Con cuarenta y cinco años y tras su última ruptura sentimental, dejó su trabajo volviendo a su pueblo, inició un negocio de exportaciones que le obligaba a viajar por cortas temporadas pudiendo estar la mayor parte del tiempo allí. Entonces el pueblo se había convertido en un lugar de moda para el turismo de sol y playa, por lo que le era fácil seguir manteniendo relaciones con mujeres más mundanas y de paso, sin las complicaciones que supondría mantener contactos con las mujeres de la zona.
A los pocos meses, Emi apareció por el pueblo, llevaba de la mano a su hija de doce años. La niña le hizo recordar a la otra niña que le partiera una ceja de una pedrada un tiempo atrás; la madre mostraba un rictus de amargura y gestos nerviosos que la alejaban de aquel carácter que él había conocido y sufrido. Él se encontraba en una etapa de su vida en la que había aprendido, más si cabe, a encontrar todas las satisfacciones que esperaba de la vida sin mucho esfuerzo; una relación de pareja a distancia con la que esperaba un hijo y donde él se encontraba cómodo ya que ejercía el control sobre la futura madre que él necesitaba para encontrarse bien con una mujer.
Sin embargo, no logró alegrarse por la situación de Emi y algo se retorció en él, sólo durante unos segundos, que era lo más que pudo sufrir nunca por el mal ajeno cuando no le competía en lo más mínimo.
Terminaron encontrándose cara a cara el mismo bar de siempre, él fue condescendiente con ella en el saludo, mientras que ella le respondió temerosa y apenas sin mirarle, reconoció su cara aniñada, su voz fina y su forma de achinar los ojos cuando le miraba que parecían adivinarle el último de sus pensamientos. Tras una charla de viejos conocidos, sobre temas intrascendentes sobre el devenir de la vida terminaron cenando juntos en la plaza de su pueblo, reformada, más turística, pero todavía entrañable.
Juan sintió como dominaba la situación, como podía alardear de sus éxitos en la vida, del hijo que esperaba, de la casa que iba a construir mientras ella le miraba con angustia; el imaginó que podría llevársela a la cama, era una mujer demasiado indefensa y con necesidad de afecto. En los postres, el pagado de su seguridad había bajado la guardia al temor que siempre la produjeran las reacciones de su amiga de la infancia le rodeó con su brazo y en tono entre jocoso y seductor la llamó por el apodo familiar heredado del abuelo de ella, lo que provocó que Emi sacara su carácter de antaño, levantándose y “chillando” un adiós que resonó por toda la plaza del pueblo y que hizo que los demás se preguntaran –A estos dos qué les pasa-, mientras ella se iba moviendo el culo.
Esa noche, él apenas pudo conciliar el sueño, recordando la desazón que le provocó la dureza de su primer amor, una niña de pueblo que se empeñaba en retarle.
Ella se acurrucó en su cama de niña, mientras recordaba al niño de su pueblo que se empeñaba en tirarse desde un árbol con una cuerda, a modo de Tarzán, para impresionar a todos y que le costó estar dos meses con su pierna derecha escayolada.
Han pasado diez años, los dos siguen yendo y viniendo al pueblo, ella divorciada y sola y él, una vez más relamiéndose tras su última ruptura sentimental.
Han empezado a hablarse con aprecio, él sigue comentando sus proezas vitales, sus mujeres y el dinero que ganó, ella ya ha aprendido a no contestarle con dureza y él empieza a hacerse ilusiones con ella esperándola, dándole señales de acercamiento aunque ella parezca no enterarse, entonces él le comenta que ha contactado con una antigua amante, que desea dejar el pueblo, España e irse con ella y le pregunta que si ella le echaría de menos, Emi le miró y con la insolencia de antaño y le contestó que no.
Juan se fue, Emi se sentó con el viejo propietario del bar de siempre y con sorna le comentó la marcha de él tras otra mujer. El anciano le respondió –A vosotros dos, qué os pasa-. Ella se quedó pensativa, mirándose los pies, sin responder se levantó y se fue a su casa, Sentada delante de su ordenador le escribió a Juan:
Había dos niños en un pueblo que no quisieron crecer,
por que crecer significa perder la ilusión
que iniciaron desde el momento en que tuvieron
capacidad para saber que en la vida hay un El y Ella.

 

 

 

 

Anuncios

Nieve de papel tissue, un relato de Minia Miramontes

Nieve de papel tissue
Podría empezar por intentar explicar la sensación de un paisaje de
nieve eslava en el último día del mes de octubre y con un calor
a destiempo en una ciudad donde nunca nieva.

Entré al Centro Cultural de esta ciudad mediana
dónde vivo y me entusiasmé con la nieve que pintaba su suelo…

Tras las horas encerrada entre el hospital donde trabajo y mi propia
casa sin luz…, agradecía mi sudor en honor este calor a desatemporal de este verano tardío y a mi propia menopausia temprana.

La expectativa del espectáculo teatral que me esperaba y esta nieve
me llenó el alma de fuerza…, nieve de papel de tissue sobre un suelo
hecho para el orballo de mi ciudad atlántica.

Me dirigí hacia el patio de butacas que estaba a rebosar de gente treinteañera y matrimonios jóvenes con hijos que no pasaban de los 10 años, un público inusual a estas horas de la noche y tan poco presente en tantos otros espectáculos a los que yo acudía, que esa noche llenaba al teatro principal de mi ciudad de una fuerza y algarabío al que no estaba acostumbrada y lejos de desanimarme me llenó de más fuerza.

Fue un espectáculo visual, lleno de color, luces cambiantes que chocaban con el
clasicismo del local donde estábamos… . Todo un entramado teatral para una obra
dinámica y un tanto absurda, que intentaba dar un poco de sentido a un paisaje invernal
eslavo y en el cual el protagonista disfrazado de clown intentaba sobrevivir.

Un actor en el que pude entrever a través de su triste disfraz de payaso a un hombre maduro, alto delgado un una fisonomía tan nórdica en que a pesar de su peluca intuí su nuca plana, como cortada y su cuerpo de piernas largas y finas.

Tras todas las sorpresas de un show mezcla de circo y de esperpento kafkiano que intentaba trasmitir la tristeza de un paisaje siempre blanco, a través de de un texto sin diálogo y que al rato pasé de entender, rematando la función con una explosión de música retumbante y como última sorpresa 5 globos gigantes con los tonos básicos de la escala cromática que sobrevolaron sobre un público ávido de interactuar pero ligeramente teledirigido, reacciones estudiadas y controladas por los creadores de la obra, de todas formas decidí unirme a esta reacción fruto, como estaba, de esta energía extraña que me embargó al ver este edificio trasformado por la nieve de papel tissue.

Me dejé ir debajo de los globos gigantes que iban ascendiendo por los palmeteos con brazos al aire del público. Sin darme cuenta fui descendiendo a través del patio de butacas detrás de la aparición, a intervalos, sobre nuestras cabezas de aquellos círculos de color.

El rojo viene hacia mi le alcanzaré?…, amarillo, me elevo no llego se va, verde…, por fin el azul parece que llega…. no…, ya el resto de espectadores lo han alejado de mi.

Entonces me doy cuenta que estoy a un metro del escenario…, sobre el restos de nieve de tissue, un trasfondo que recuerda el paisaje eslavo y el actor principal, el clown, ya sin su nariz roja, sentado en el filo del escenario; su actitud y la expresión de todo su cuerpo me recordó a la de un hombre que tras un día de trabajo duro contempla un horizonte de campiña verde como si cada una de las sombras del individuo que es cada espectador fuese un brote de una brizna de hierba, una actitud
que me pareció fría, a la vez que de satisfacción del trabajo técnicamente bien hecho.

Conducta imperturbable de hombre saciado de escenarios, viajes, vida personal
llena de recovecos y de pasiones satisfechas y calculadas, un hombre conocedor del atractivo de su puesta en escena. Le creí inasequible dentro de lo asible de su personaje de trotamundos tan estudiado y repetido que ya había terminado por hacerse espontáneo en él.

Me miró, y yo con un gesto propio en mi, sonreí y parpadeé mis ojos color cocacola,
Coqueta… tan coqueta y femenina…, me guiñó un ojo y en fracción de segundos fui sólo yo y mi feminidad fuera de todos los prejuicios que mi “educación sentimental” me había coaccionado hasta ese momento. Me sentí en mi ser femenino y el barullo que me rodeaba por segundos u horas desapareció.

En ese momento el gran globo azul empezó a dirigirse hacia donde yo estaba, cuando lo presentí sobre mí, en un automatismo desvié mi mirada de la de él, arqueé mi cuerpo elevé mis brazos mientras sonreía sabedora de que él me observaba y el globo se posó sobre mi cuerpo como si sólo me perteneciese a mí….

Todavía no puedo recordar cómo pasó, pero vislumbro un gran círculo azul sobre mi persona a quien yo intentaba apartar y elevar, mi columna arqueándose en un ángulo imposible para mis posibilidades, mi consciencia o inconsciencia que rogaba que alguien alejara aquel inmenso color azul de mi ser que cada vez sentía como más diminuto. Un crack de huesos y un golpe en mi diminuta nariz y… no me acuerdo de nada más.

Me desperté en un lugar familiar para mí, la sala de trauma donde cansada y hastiada pasaba mis horas laborales soñando con un pronto cambio de destino…, aún así y en el aturdimiento mental propio de quien despierta de un traumatismo craneal, llegué a dislumbrar la idea de qué coño hago yo aquí, porqué no me han llevado a la sala de neuro….. .

Reconocí la cara de mi madre y balbuceé la palabra “azul” mientras ella con ansia simulaba una sonrisa… -cariño que dices-, me preguntaba intentando disimular su preocupación sobre mi estado mental…-azul…, respondí yo- mientras dirigía mi mirada de cocacola al techo de la odiosa habitación de trauma donde pasaba mis agotadoras horas de trabajo indigno de cambiar cuñas y limpiar culos de viejos insoportables que me gritaban preguntando por sus gallinas en su delirio senil desembocado por el ingreso hospitalario; pero el techo de mi habitación no dejaba de ser blanco por más que me empeñase en verlo azul y así poco a poco detrás de mi madre empecé a dislumbrar la figura alta, fina y delgada de mi padre…, tan nórdico,
con sus huesos largos y sus ojos AZULES.

Pasaron dos días, que en vez de descanso fueron de agotamiento de tener que explicar una y otra vez como un globo azul me había derribado, visitas de mis propios compañeros y de mi vida fuera del hospital, sin excluir a todos los conocidos de mis padres…., cuando una vez más se abrió la puerta de la habitación y maldiciendo ante el presentimiento de tener que volver a explicar por enésima vez la historia del globo azul, aparece un muchacho delgado, poca cosa, con uniforme que no iba nada con su aspecto y un casco integral de motorista sobre la cabeza a modo de sombrero ya que había colocado la parte de la barbilla sobre su frente y que le daba un aspecto todavía más insignificante. Traía una cesta en las manos que me recordó a la del cuento de caperucita roja cuando llevaba las viandas a la abuelita.

El muchacho con un acento cangués total dijo en alto mi nombre… ¡yo! contesté en una mezcla de entusiamo y curiosidad total reacción propia ante la monotonía de los últimos dos días…; mi compañera de habitación, una treinteañera rubia de frasco y con sobrepeso, me miró con expresión de sorpresa y rabia celosa ya que el regalo no era para ella.

Aquel ridículo, minúsculo e insignificante mensajero se acercó a mi cama con total indiferencia mientras me hacía firmar en su hoja de encargos “recibidos” a la par que se le caía el casco cubriéndole toda su cara y dándole aspecto de hormiga atómica…, Por un momento pensé qué pena de proyecto de hombre… .

Dejó la cestita sobre mi mesilla, desganado y con la expresión de falta de simpatía del sabedor de que no recibiría propina y se fue sin ni siquiera un amago de despido.

En cuanto noté que había abandonado la habitación me giré ante el detalle situado en mi mesita hospitalaria sin dejar de echar un vistado a la gorda teñida que tenía en mi cama gemela que miraba con una curiosidad malévola. No dejé de pensar cuanto me recordaba a un animal porcino; con un gesto de desdén y ligeramente soberbio que también conocía en mí, aunque sólo fuera por la cantidad de veces que me lo habían repetido y del que sinceramente sólo tenía consciencia por las fotografías…

Me giré desdeñándola, como unos segundos antes había hecho el mensajero hacia mí; sentí el dolor agudo de mi ciática resentida por el golpe, y tomé mi cestita y al acercarla mi sorpresa fue ver como se desprendían, apenas con un aleteo del aire producido por el movimiento de mi mano, una cascada de virutas de papel tissue como si fuese nieve, dirigí mi mirada a la ventana y aprehendí la sensación del orballo que caía en el exterior.

Extraje el sobre que sobresalía de la cesta y leí su nota, mi corazón palpitaba, mientras me acordaba de cuantas veces mi amiga Lidia me había comentado de las percepciones o premoniciones de cuando su enamorado se iba a comunicar con ella,
tan expectante estaba con la nota que ni siquiera me acordé de mis gafas de presbicia:

OJOS COLOR DE LA COCACOLA
SIENTO NO ESTAR AHÍ PARA CUIDARTE
HOY SOY YO EL QUE ESTÁ HERIDO POR
EL GLOBO COLOR AZUL, EN A CORUÑA,
MIENTRAS OBSERVABA A MI PÚBLICO
EL GLOBO VINO HACIA MI Y ME OCASIONÓ
EL MISMO TIPO DE TRAUMATISMO QUE A TI.
PRONTO ME DARÁN EL ALTA E IRÉ A LEÓN… Y
UNOS DÍAS LIBRES EN LOS QUE PODRÉ TRASLADARME
A TU CIUDAD SIN NIEVE Y CÁLIDA…
BESOS BERND….

Un periodista de EE.UU. publica 12 consejos de su abuela para lograr la felicidad

Un periodista de EE.UU. publica 12 consejos de su abuela para lograr la felicidad
Publicado: 18 abr 2014 | 21:13 GMT Última actualización: 18 abr 2014 | 21:15 GMT

© http://www.marcandangel.com
El periodista estadounidense Mark Chernoff ha publicado en su blog los 12 consejos que su abuela, Zelda, le dio antes de morir.
La abuela del periodista estadounidense Mark Chernoff le dejó antes de morir una caja con diversos objetos que tenía en casa, entre ellos un viejo diario con las cubiertas de cuero. En ese diario la mujer anotó sus ideas, pensamientos, citas, letras de canciones y otras cosas que para ella eran importantes. Les presentamos la oportunidad de compartir la sabiduría de esta anciana.

1. Aspire el presente, expire el pasado. Esté donde esté y pase lo que pase nunca pierda la fe de ver la luz al final del túnel. Nunca espere, exija ni presuma. Simplemente haga lo que sabe hacer y entonces pasará lo que tenga que pasar.

2. La vida puede ser más fácil. No hay por qué hacer dos cosas a la vez. Respire y viva el presente. Dele algo a la vida y la vida se le dará todo.

3. Los demás deben aceptarnos tal como somos. Hay que decir la verdad aunque nos tiemble la voz. Siendo nosotros mismos traemos la belleza al mundo. Debemos seguir nuestro camino con seguridad y no esperar que los demás nos entiendan, sobre todo si ellos no saben adónde vamos.

4. No somos siempre la misma persona, y no hay nada malo en ello. En nuestra vida hubo triunfos y derrotas. Durante la vida nos pasan cosas que nos hacen cambiar de opinión y de ideales. La vida nos da lecciones que nos ayudan a seguir adelante. Todo cambia. Dígale a la gente: “Por supuesto que he cambiado, ahora soy más fuerte que antes”.

5. Todo lo que nos pasa nos ayuda a mejorar, aunque a veces no nos demos cuenta. Las circunstancias siempre nos guían, nos cambian y nos hacen mejores, por eso jamás debemos perder la esperanza. Una hilo se acaba convirtiendo en una cuerda. La esperanza debe ser nuestra ancla en la vida.

6. No debemos desear la riqueza, sino la felicidad. Con los años entenderemos el valor de las cosas, no su precio. Tenemos que valorar los buenos momentos y estar agradecidos por ellos.

7. Debemos estar animados y alegres. Debemos sonreír a todos los que nos envidian y tratan de hacernos daño, mostrándoles lo que ellos no tienen.

8. Hay que prestar atención a los seres queridos. Cuando nuestra pareja dice “no me pasa nada” debemos mirarle a los ojos, abrazarla fuerte y decirle “sé que tienes problemas”. Piense que usted es una pequeña baliza para la gente en momentos más oscuros de sus vidas.

9. De vez en cuando hay que distanciarse de un amigo para que este pueda desarrollarse.

10. Mirando atrás, es mejor decir “no puedo creer que lo haya logrado” que “me arrepiento de haberlo hecho”. La gente siempre nos juzga, por eso no debemos tratar de impresionar a los demás, sino vivir para impresionarnos a nosotros mismo.

11. A veces para lograr un resultado hay que distanciarse de las personas que no tienen los mismos intereses que nosotros. Así podemos guardar buenos recuerdos de ellos y alcanzar nuestros objetivos.

12. Cuando esperamos un final feliz durante mucho tiempo, tal vez lo que hay que buscar es un nuevo inicio. Todo el mundo se equivoca, todos aprendemos. Una persona fuerte es la que sabe reírse de sus errores. Si se ríen es porque nada les quita la paz ni la confianza.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/sociedad/view/125609-anciana-consejo-vida-feliz

 

LA DESESPERANZA APRENDIDA

 

DESESPERANZA APRENDIDA. Por Minia Miramontes
¿Cómo controlar la desesperanza? Cuando has estado invirtiendo todo tu tiempo y esfuerzo, cuando has intentado batallar de todas las maneras posibles para conseguir tus logros en la vida y te das cuenta que ya no ha nada que hacer, que todo lo que has hecho no vale la pena, ¿cómo desbloquear la mente para que siga suscitando nuevas salidas? Sobre todo cuando la única que se te ocurre es acabar por una vez por todas y descansar para siempre.

Uno de los conceptos psicológicos más importantes de los últimos años, es el de “desesperanza aprendida”, que es un estado de pérdida de la motivación, de la esperanza de alcanzar los sueños, una renuncia a toda posibilidad de que las cosas salgan bien, se resuelvan o mejoren. ¿Cómo evitar y superar tan perjudicial emoción? Siga leyendo.
La vida humana, dependiendo de cómo sea viva, y de nuestra manera de relacionarnos con el mundo, puede ser una sucesión de experiencias hermosas, nutritivas y significativas que nos permitan alcanzar plenitud y paz. También es posible, sin embargo, que esas experiencias resulten frustrantes, dolorosas y desalentadoras.
Que sea de una manera o de otra depende de causas diversas que pueden ser de tipo biológico, psicológico o cultural. Las predisposiciones innatas de corte genético pueden degenerar en limitaciones de la capacidad funcional física o mental; los aspectos sociales o políticos, pueden hacer que nos veamos envueltos en grandes carencias de recursos necesarios para sobrevivir o en guerras que reduzcan al mínimo la calidad de vida. Aquí, sin embargo, se hará referencia a un tercer factor, el psicológico, como agente causal principal para la reducción del éxito y la felicidad. En especial, se hará referencia a una categoría, concepto o constructo psicológico que se dado en llamar: “desesperanza aprendida”.
En términos generales, la desesperanza es considerada un pesar, una enfermedad, una maldición de gran potencia limitante. El filósofo Nietzsche, la consideraba “la enfermedad del alma moderna”. Puede decirse que es un estado en el que se ven debilitados o extinguidos, el amor, la confianza, el entusiasmo, la alegría y la fe. Es una especie de frustración e impotencia, en el que se suele pensar que no es posible por ninguna vía lograr una meta, o remediar alguna situación que se estima negativa. Es una manera de considerarse a la vez: atrapado, agobiado e inerme.
Desesperanza no es ni decepción ni desesperación. La decepción es la percepción de una expectativa defraudada, la desesperación es la pérdida de la paciencia y de la paz, un estado ansioso, angustiante que hace al futuro una posibilidad atemorizante. La desesperanza, por su parte, es la percepción de una imposibilidad de logro, la idea de que no hay nada que hacer, ni ahora, ni nunca, lo que plantea una resignación forzada y el y el abandono de la ambición y del sueño. Y es justamente ese sentido absolutista, lo que le hace aparecer como un estado perjudicial y nefasto.
Martin Seligman, creador de una corriente psicológica conocida como “Psicología Positiva”, estudió a fondo este tema, y junto con un destacado colaborador, Steven Maier sometieron a un grupo de perros a un experimento en el que se les aplicaba descargas eléctricas, impredecibles e incontrolables.
Entre sus conclusiones, reportaron que los animales se vieron impedidos de predecir o controlar el estímulo doloroso, por lo cual perdieron su motivación y lucían desanimados, lentos y torpes para actuar y limitados para aprender nuevos comportamientos.
Hoy sabemos que en la política y en la guerra se usan estrategias para generar en los disidentes, opositores y / o enemigos, estrategias de este tipo para desmoralizarlos y evitar iniciativas resistentes a los abusos de poder.
Para superar la Desesperanza aprendida, es necesario:
Ø Comprender que se trata de una percepción y no de una realidad.
Ø Asumir que todo pasa y que cada día es nuevo, y está lleno de posibilidades y potencialidades.
Ø Buscar formas creativas de abordar la situación valorada como amenaza.
Ø Apoyarse en personas que tengan otros recursos que usted no posea.
Ø Reevaluar o reconceptualizar la situación en busca de ángulos positivos.
Ø Aceptar, adaptarse y esperar un mejor momento para actuar, si considera que realmente nada puede cambiarse aquí y ahora.
Ø Centrarse en los recursos, dones y talentos, en vez de enfocarse en el problema o en sus posibles consecuencias negativas.
Ø Buscar en su experiencia conductas que le hayan servido para superar situaciones similares.
Ø Segmentar la acción. No se enrede. Defina una estrategia y dé un paso a la vez para salir del atolladero.
Lo más importante aquí, es que comprenda que la gran mayoría de las veces, salvo en casos extremos de catástrofes naturales o eventos críticos inesperados, lo que vemos como “problema” es en realidad una idea mental que se genera cuando evaluamos una situación en razón de nuestras posibilidades de resolverlo. No es algo que está allá “afuera”, y sobre lo cual no tenemos influencia alguna. Reflexione sobre esto, tome precauciones y viva lo mejor que le sea posible.

 

 

El tunel, la decepción del Don Juan. Un relato de erotismo

El TUNEL.  Por Minia Miramontes.

Cada año en aquella fecha sistemáticamente preparaba
aquel viaje. Desde una pequeña estación de los Alpes franceses
alquilaba un compartimento en un tren de largo recorrido que salía
de Burdeos y atravesaba la cordillera hasta Italia.

Como un lobo solitario y al acecho recorría los pasillos sintiendo
el bamboleo del tren que con los años terminó asociando con el inicio de una
excitación de piel y un ligero hormigueo, sensaciones que después de sus actos
onanistas con imágenes oníricas inasibles eran lo que últimamente
más alimentaba su líbido.

En el Wagon-bar y apoyado en la barra iniciaba su búsqueda, no disimulaba
y cualquier mujer que lo mirase sabía de antemano sus intenciones.

Dados los acontecimientos internacionales de moda que en aquella
fecha había en Milán, en el tren la mayoría de pasajeros eran mujeres relacionadas
con este mundo, empresarias, jóvenes aspirantes a modelo, mujeres casadas y aburridas
que esperaban estos días de glamour para lucirse y poder gastar su dinero en lujo.
Mujeres cuidadas, bellas, delgadas y musculadas por el ejercicio diario de gimnasia.

Conocía a la mayoría, y ellas lo conocían y se producían los comentarios por
lo bajo como cada temporada sobre él. Su excitación aumentaba con las miradas
de seducción y los gestos insinuantes de mujer en celo.

Entonces iniciaba el examen de la posible candidata. Tenía los tiempos medidos,
el recorrido largo del tren antes de entrar en una zona de curvas, un pequeño cañón donde los arbustos a cada lado de la vía rozaban las ventanillas y al final el largo túnel…

Aquel año recayó su atención en una mujer que viajaba sola, sin maquillaje y con
el pelo natural indefinido entre castaño y pelirrojo, sentada con una postura desgarbada
y que para nada parecía consciente de ella misma, no era su prototipo, pero le atrajo por su diferencia, ellla iba mirando por la ventanilla con el mentón de su cara apoyado en su mano izquierda.

La mujer, de vez en cuando observaba a las mujeres
que le rodeaban y no parecía encogerse ante la sofisticación de ellas.
Todo aquel wagon olía a Chanel nª 4.

La mujer terminó desviando su mirada hacia él, y le sonrió como si lo conociese de siempre, sin sorpresa y sin insinuación, al rato ella bajó la vista.

El terminó decidiéndose por ella, se acercó a su mesa obviando de forma programada al
resto de mujeres, con muchas de las cuales ya había pasado el túnel. Calculó
utilizar la táctica de “corderito degollado” con ella, y sonriente, le pidió sentarse.
Esta mujer se le mostró asequible aunque, con satisfacción para él, temerosa y un
tanto cohibida ante él, así que rápidamente pasó a su táctica de hombre condescendiente.

Enseguida de enfrascaron en una conversación sobre sus vidas y a ella
cada vez le era más difícil mantener su mirada, una actitud que él no consideraba
propia de una mujer de su edad, por ratos se desilusionaba, pero no podía negar
que lo que ella decía le gustaba, podían contactar a través de un discurso mental
muy común.

Llegado el tercer tiempo, le propuso ir a su compartimento, ya se acercaban a la zona
de curvas y le gustaba ir caminando por el pasillo manteniendo a duras penas
el equilibrio y sintiendo el cuerpo de la mujer elegida delante de él, aprovechando los vaivenes más fuertes del tren para agarrarla por la cintura y acercarse
a su cabello y así, ir comenzando los primeros roces. Era un trayecto en el cual
él iba anticipando la reacción de la hembra e imaginando lo que ocurriría en el túnel.
Su excitación en este momento casi llegaba a su momento álgido.

Cuando salieron del wagon-bar dispuesto a iniciar su ritual de acercamiento ocurrió
que a ella se le había olvidado su libro y dió marcha atrás,él empezó a sentir que
se había equivocado con la elección y una pequeña desazón comenzó a apoderarse de él.

El no supo como lo hizo ella pero consiguió que el recorrido del pasillo lo hiciese
él delante y ella detrás, intentó cambiar el lugar pero ella se zafó, además
parecía desenvolverse perfectamente con los vaivenes de tren, no necesitaba sujección.
Se dió cuenta de su equivocación al escogerla a ella, pero ya no le quedaba tiempo, y no podía volver al wagon-bar a realizar otra conquista tras haber salido ya con una.

Malhumorado continuó el trayecto, ya estaba cerca el cañón.

Entró en su compartimento con gesto serio y duro, que a ella no parecía inmutarle,
no la invitó a entrar primero, ya dentro se da cuenta de que ella se quedara en la puerta como esperando la invitación a entrar. En ese momento la decepción ya se apoderó de él; forzó un gesto amable y le pidió que entrase, mientras pensaba en su poca vista y en como le había fallado su instinto. El pensaba que esta mujer o era boba, o estaba jugando, o bien acababa de salir de un convento de monjas.

Le aliviaba el hecho de que por lo menos físicamente le resultaba atractiva, aunque de antemano supo que tendría que llevar la iniciativa en todo.

El siguiente paso consistía en avisar al servicio del tren para pedir las bebidas. El pidió un bourbon y aquella pseudomonja un “te” (joder sólo faltaba que tuviese
la regla, pensó). Se quedó frío y empezó a percatarse que todo su plan tan estratégicamente diseñado año tras año se le iba al tacho; le costó controlar su ira y ella seguía pareciendo impasible.

Cuando la invitó a sentarse a su lado ella optó por sentarse enfrente
al lado contrario de la marcha del tren.

Llegaron las consumiciones y una sonrisa cómplice del camarero
le dió a entender que la elección de este año era buena………. .-será para tí, pensó él,
que te gustan las catetas de pueblo.-, pero no podía bajar la guardia ante terceros y
le devolvió una sonrisa de varón satisfecho, sabedor de su fama de conquistador.

En cuanto cerró la puerta decidió seguir con la razón de su viaje, pidiéndole a su
líbido no ser abandonado. Le dejó el te en la mesita desplegada bajo la ventanilla
mientras ella miraba absorta el batir de la naturaleza contra el cristal.

Comenzó la táctica propia ante las mujeres soñadoras. En cuando recuperó la atención de ella, y tras unas frases, se sentó en su asiento contra la dirección del tren, algo que él odiaba. Al rato posó su mano sobre su muslo, ella entonces se giró y lo miró como una gata a punto de arañarle; él sintió ganas de hacerle tragarse su ridícula taza de té.

El túnel se acercaba…………. y ella………

Le comentó que llevaba un día entero viajando hasta que alcanzó este tren, que estaba
agotada y que si no le importaba que echase un sueño, ya que ella no tenía compartimento. Se sacó sus zapatos y se echó a dormir, no sin antes pedirle que le alcanzase una de las mantas que asomaban en las estanterías superiores, él quiso ahogarla con ella.

No podía salir del compartimento, lo verían todos y descubrirían su fracaso.

Nunca llevaba literatura para este viaje, su literatura estaba
en su mente, así que decidió coger el libro de ella, pero por encima estaba en una
lengua autóctona de alguna región, que él no alcanzó a entender.
Cabreado y aburrido decidió observarla mientrasse iba quedando aletargada.
.- Por lo menos no ronca, pensó; y comenzó a recorrer su cuerpo con
la mirada, por un momento deseó sus caderas redondas, le gustaron sus piés, e imaginó lo que habría sido tomar aquel cuerpo si hubiese estado acompañado de otra mente.

Dos años más tarde voló a Barcelona, le esperaba su novia en el
aeropuerto y decidieron ir al paseo de Gracia ya que era el día del libro y este paseo
se llenaba de stands de editoriales y librerías.

Su novia le comentó que estaba una escritora de best-sellers de estilo erótico-festivo
firmando en un stand, él fué con ella un tanto desganado. Al llegar se encontraron a una
mujer con un tono de pelo indefinido, firmando libros. Cuando la mujer
levantó la vista se quedó sorprendido al reconocer en ella a la mujer que le había arruinado su viaje, ella lo miró cara a cara y con una expresión irónica.

Ella cogió uno de sus libros y se lo dedicó:

“Al hombre que me prestó su compartimento, siempre tuya………… “.

Cuando se retiraron del stand, él todavía un poco perplejo tomó el libro y leyó el título:

“Como seducir en un tren: la erótica del túnel”.

Por:  Minia Miramontes

Around the World in Ten Photos

The WordPress.com Blog

A big part of photography is understandinglight — its strength, tone, and direction. These ten WordPress.com photographers from around the world show us that from dawn to dusk, there are beautifully lit moments just waiting to be captured.

Janice Meyers got this shot of the Salamanca Cathedral in Salamanca, Spain, just as the early morning sky began to turn from black to blue. We love how the warm glow of the streetlights contrasts with the deep, moody sky:

Salamanca, just before sunrise.Salamanca, just before sunrise.

The sun was a bit higher in the sky when Robin Kent of Photography by Kent caught the first rays of light over Washington, DC’s Tidal Basin, and cherry trees. The pink glow of the imminent sunrise echoes the delicate hue of the famed blossoms:

Daybreak over Washington, D.C..Daybreak over Washington, DC.

On the other side of the US a full sun bathes different pink flowers — a field of…

Ver la entrada original 385 palabras más