MUCHOS JEFES

Muchos jefes para tan pocos indios.
Por Minia Miramontes

Como consecuencia, a un uso indebido, por no decir ligeramente invasivo de su teléfono móvil o inalámbrico – Ana se pasara del mínimo exigido por sus padres de gasto mensual para sus llamadas- y durante dos meses le fue retirado este tipo de acceso a sus trescientas mejores amigas; la mayoría de las cuales convivían con ella de 8 de la mañana a 5 de la tarde, de lunes a viernes en época escolar y con estas y el resto seguía manteniendo contacto durante un mínimo de dos horas por el chat cibernético, la mayor parte de los días de cada día.
Ana tenía 14 años, edad imposible de conjugar sin un medio transportable de comunicación, fotos y whatsapss. Lo común cuando Patri, Belén, Nerea y Ana estaban juntas era verlas a cada una con su teléfono como poseídas tecleando un miniteclado mientras sus ojos adolescentes se ponían bizcos y sus dedos danzaban un baile diabólico… Tal exceso de concentración se rompía cuando una de ellas estallaba en una carcajada excesiva y que no cuadraba con el cuadro, valga la redundancia, de tanta maquinación digital, entonces las cuatro durante segundos se abalanzaban sobre el aparato receptor de toda la atención gracias a quien sabe que mensaje recibido.
Tras retirarle el terminal, Ana en una actitud muy suya, que consistía en no gesticular ni patalear, ni quejarse… lo que a su madre le despertaba todos los sistemas de alarma, aceptó sin más el castigo familiar.
Extrañada se quedó su madre cuando al volver del colegio la hija le comentó que el papá de una de sus amigas se ofreció a prestarle un terminal que tenía sin uso, o bien, que María, una de sus amigas desde la guardería, le ofreciera unos euros para la recarga prepago del móvil…. A la madre la situación le desbordó ante dos hechos, el primero, la salida de la hija pertinente del fin de semana y no poder comunicarse con ella, al fin y al cabo, estos aparatos hoy en día se han convertido en un modo de control de los adolescentes tempranos, no así en edades más avanzadas, ya que cuando pasan unos años, los adolescentes medios o tardíos ya ni responden. El otro suceso que pudo con los padres fue la reunión con el tutor, cuando este aludió a la retirada del móvil de Ana y la situación aparentemente extrema de ruina familiar…????.
Como no podía ceder al chantaje urdido por su hija ante la consecuencia, es decir el castigo, de la retirada del móvil y no poder estar en contacto con la adolescente, a la madre se le ocurrió que este terminal tenía un uso práctico de control parental y que el uso real de ella estaba más encaminado a tener un terminal última generación, los whatsapps e internet que para el contacto, por lo que decidió darle un terminal básico prepago, con fines de localización.
Hacía dos meses que Nuria, la madre, que trabajaba como consejera matrimonial había comprado un terminal solo de voz y con tarjeta prepago para una de las que ella llamaba investigaciones de calle, es decir, nada que pudiese ser publicado en ninguna revista, ya que no reunía ningún requisito obligado pero si para ella comprobar dudas que no le respondían los tratados de psiquiatría.
Nuria, atendía a parejas en crisis como es de suponer, el mundo relacional y emocional en estas relaciones era variopinto y diverso según la pareja. Sin embargo había un común denominador a todas las parejas en crisis y es la ausencia de relaciones sexuales y, cuando las hay, son muy esporádicas, lo que más le extrañaba a Nuria, es decir, que no le encajaba, eran los casos en los que no había una tercera persona y para el caso al que nos vamos a referir, otra mujer en medio de dos, en esta situación, el hombre interpretaba la falta de relaciones como un castigo de la mujer hacia él, excepto los casos en que argumentan que la mujer al estar en la menopausia ya no tiene deseo, lo que les llevaba a que debajo de la ducha aliviaran la situación de insatisfacción a que de forma injusta y vengativa les sometía su mujer según ellos. Eran muy pocos los que reconocían acudir a citas de pago. Pero lo que más llama la atención es la actitud de muchas mujeres de aparente indiferencia ante la evitación y/o anulación de su propio derecho con sus parejas u otros; la mayoría lo vivían como un alivio y en muchos casos con razones de peso, pero a la vez sin plantearse que hacen ellos y a no aceptando que pudiesen estar con otras mujeres. Para parejas de de generaciones anteriores es un tema del que no se habla.
Una mañana, la consejera bajó a tomar un café matutino a una terraza cercana al despacho, se puso a ojear el periódico local y se detuvo ante las páginas de contactos, que eran cuatro; demasiadas para lo que era el tamaño de la publicación pensó Nuria, a lo que si le añadíamos las mujeres que callejeaban desde el atardecer en los alrededores del estadio de futbol, las fijas en los establecimientos de carretera y otros que no lo son y las del mal llamado barrio chino y relacionándolo a los pocos hombres que ella conocía que admitiesen acudir a este tipo de citas, le provocó pensar en que había demasiados jefes para tan pocos indios, a pesar de que la ciudad fuese portuaria, pero la entrada de marineros o algún transportista por carretera no podría cubrir aquella amplia oferta.
Pagó su café y directamente se fue a la tienda de móviles más cercana y pidió el más senillo y económico teléfono móvil quedándose uno que incluía una recarga gratuita de 10 euros. Al llegar al despacho llamó a una de las agencias de publicidad del periódico, para poner un anuncio clasificado en la sección de contactos durante dos fines de semana consecutivos:
MUJER MADURA, CULTA Y CON CLASE,
BUSCA CONTACTOS.
TOTAL DISCRECIÓN. SONIA TLF: XXX XX XX XX
El primer sábado de publicación recibió 16 llamadas, a las que no contestó, 4 mensajes de voz que si escuchó. Le llamó la atención la osadía de desconocidos dejando su voz y número de teléfono en un buzón desconocido. Así mismo, le extrañó la falta de llamadas con números ocultos, tanta precaución en la vida social y total desinhibición en ante un anuncio de contactos. El domingo por la tarde hubo la mayor avalancha de llamadas, 27 en tres horas y 8 mensajes, por medio de estos se dio cuenta de que no había un tipo de hombres concreto que requerían estos servicios en periódicos locales, ya que los había de todas las edades, y por el acento y expresión de todas condiciones sociales. Atribuyó su éxito en respuestas al efecto novedad. Sin embargo, el fin de semana siguiente se repitió el mismo porcentaje, Tras sacar sus conclusiones, abandonó el móvil en un cajón.
Pensando en que el tiempo transcurrido ya había sido suficiente como para que se olvidasen del anuncio publicado, borró los mensajes y le dio el terminal a su hija.
Al cabo de dos semanas estaban las dos cenando cuando Ana le comentó:
– Mamá… al teléfono ese que me has dado me hacen llamadas muy raras…
– Nuria, casi atragantada, tomó fuerza para preguntarle ¿Qué llamadas, Ana?…
La hija empezó a reírse … Pues preguntan por Sonia… Contestó.
– Pero que dicen??? Volvió a preguntar la madre.
– Nada, cosas raras, contestó evasiva la adolescente.
-¿Y tú qué haces? Insistió Nuria sin mirar a su hija a la cara…
-Nosotras nos reímos… ¿Vosotras? dijo la madre, luchando por no expresar un tono de angustia.
Nuria se quedó un rato en silencio mientras Ana continuaba comiendo como si nada, actitud muy alejada de la alteración de la madre. Ya sabes hija, que los números que la compañía de teléfonos da a los usuarios han pertenecido antes a otras personas… la hija calló distraída o aparentemente pensando en otra cosa.
Al día siguiente a la hora de la cena, Ana se encontró junto a su plato de spaguetti su anterior terminal móvil de última generación y con todas las prestaciones activadas.

 

ImagenPARA TAN POCOS INDIOS

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