HORMONAS FEMENINAS Y TOMA DE DECISIONES

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-CÓMO AFECTAN LAS HORMONAS AL CARÁCTER DE UNA MUJER-
Las hormonas juegan un gran papel –aunque no el único- en determinar qué le interesa hacer al cerebro. Ayudan a guiar las conductas alimentarias, sexuales, sociales y agresivas.
Aunque, más del 99% del código genético de los hombres y de las mujeres es exactamente el mismo, esta diferencia de porcentaje in fluye en cualquier pequeña célula de nuestro cuerpo, desde los nervios que reflejan placer y sufrimiento, hasta las neuronas que trasmiten percepción, pensamientos, emociones y sentimientos.
A través de los avances en endocrinología fetal, neuropsicología, la psiconeuroendocrinología, etc. se buscan enfoques para saber cómo están programados en el cerebro femenino los comportamientos concretos por una combinación de naturaleza y educación. A causa de este progreso, finalmente, entramos en una era en que las mujeres pueden comenzar a entender que su biología es distinta y cómo afecta a sus vidas.
FETO
Hasta que tiene ocho semanas, todo cerebro fetal parece femenino; la naturaleza efectúa la determinación del género femenino por defecto (todos al ser concebidos somos hembras). En el 2º mes se reflejará un enorme aflujo de testosterona que convertirá a este cerebro en masculino; el efecto de la testosterona, además de la diferenciación sexual externa, influye en el desarrollo de centros sexuales y de agresión y en la inhibición de algunas células en los centros de comunicación.
Si no se produce la llegada de esta hormona, entonces, el cerebro femenino continúa creciendo sin perturbaciones, las células del cerebro desarrollarán más conexiones en los centros de comunicación y de las áreas que procesan la emoción.
Esto hace que la primera cosa que el cerebro femenino induce a hacer a un bebé es precisamente estudiar los rostros.
Al no experimentar la irrupción de la testosterona en el útero materno hace que su potencial para desarrollar aptitudes en los terrenos de la comunicación, observación y procesamiento de la emoción, sea potencialmente mayor que en los varones.
Las niñas nacen interesadas en la expresión emocional.
Esto hace que las niñas busquen más el contacto visual que los varones; la falta de contacto visual hacia ella puede ser interpretado como una falta de valoración; así mismo, ser o no escuchada significará para ella si los demás la toman en serio, si una niña no consigue esta capacidad de empatía con los adultos se sentirá fracasada. Cuando en un contacto con los adultos, estos la escuchan atentamente, la niña se sentirá con confianza.
Esta aptitud conlleva a que le sea más fácil armonizar con los adultos, p. ej. Ante el llanto la visión de la cara de la madre tranquilizadora la hará serenarse. Pero obviamente, la conducta de una niña no sólo depende de sus genes sino también del ambiente.
Tenemos tendencia a proteger más a las niñas que a los varones, vemos más peligros para ellas al sentirlas más delicadas; si los padres cuando una niña se va a tirar por un tobogán no muestran una expresión de miedo o preocupación, la niña se lanzará; no nos olvidemos que nos observa e interpreta.
Dos niñas de 3 años, pueden dialogar y llegar a consensos: Si me dejas este patín yo te dejaré mi pala; con un niño de esta edad es más difícil, el niño le habría cogido el patín y ella acabaría llorando; la capacidad de razonamiento en el niño todavía no está tan desarrollada, dado que depende del lenguaje, que en general es superior, a estas edades, en las niñas.
Las niñas han heredado un programa genético que garantiza la armonía social
Testosterona versus estrógenos

PUBERTAD INFANTIL
Hacia los dos años y medio de edad termina la pubertad infantil. La corriente estrogénica que llega a los ovarios cesa temporalmente. Tanto los niveles de estrógenos como la testosterona se hacen muy bajos en los años de infancia para las chicas y los chicos. Este es un periodo tranquilo que precede a la explosión de la pubertad. Las niñas de dedican a su mejor amiga y no suele jugar con los niños.
Cómo hemos dicho, las aptitudes sociales, verbales y de relación de las niñas se desarrollan antes que en los chicos, que se divierten jugando a la lucha, a las amenazas y están menos inclinados a compartir, las niñas al verse presionadas por lo niños se retiran.
Pero, aunque la naturaleza intervenga en comportamientos sexuales, la experiencia, la práctica y la interacción con los demás pueden modificar las conductas. Las expectativas de los adultos con respecto a los comportamientos de las niñas/niños, desempeñan un papel importante en la configuración del patrón de comportamiento de unas y otros.
Si usted es padre o madre de una niña pequeña, ya sabe de primera mano que no siempre es tan obediente y dócil como la cultura nos quiere hacer creer que debería ser. Muchos padres has visto evaporarse esta creencia cuando la pequeña no consigue lo que quiere. La agresividad del cerebro femenino protege lo que es importante para él, que siempre, inevitablemente es la relación. Así la niña camina por la delgada línea que separa el hecho de estar segura de que se halla en el centro de su mundo de relaciones y el de arriesgar el rechazo de esas relaciones.
EL CEREBRO DE UNA ADOLESCENTE
La realidad de una adolescente del siglo XXI es explosiva; en esta etapa se intensifican todos los rasgos establecidos en el cerebro femenino durante la niñez; la comunicación, la relación social, el deseo de aprobación y la captación de indicios acerca de qué pensar o sentir. Tal es la época en que una muchacha se vuelve extremadamente comunicativa con sus amigas y forma unos grupos sociales muy bien entablados para sentirse segura y protegida.
Dentro de esta realidad impulsada por el estrógeno, la agresividad también representa un papel importante. El cerebro adolescente le hará sentirse poderosa, dotada siempre de razón y ciega ante las consecuencias. Sin tal impulso nunca sería capaz de crecer, pero adaptarse a él no es fácil. Empezará a experimentar su potencial femenino completo, que incluye el síndrome premenstrual, la rivalidad sexual y el control de grupos de chicas que suelen convertir los estados de su cerebro en una realidad conflictiva.
Ante esta 2ª pubertad, todo parece un drama: No puedo soportar esto, no te aguanto, no puedo ir al colegio porque tengo acné… Son años de turbulencia; su cerebro crece rápidamente, se reorganiza y se podan los circuitos neuronales, que dirigen el modo de pensar, sentir y actuar.
Está obsesionada con su aspecto, durante la pubertad toda la razón de ser biológica es sentirse sexualmente deseable; comienza entonces a compararse con sus iguales, las imágenes de los medios de comunicación. Dicho estado cerebral está creado por la oleada de nuevas hormonas que se encuentran en el lugar principal del proyecto genético de la mujer.
Las hormonas que afectarían a la respuesta del estrés social están por las nubes, que es de dónde sacan sus ideas “estrambóticas” y el porqué están constantemente mirándose al espejo.
Si los padres entienden los cambios biológicos que suceden en los circuitos cerebrales de la adolescente, pueden apoyar la autoestima y el bienestar de su hija durante estos años de turbulencias, subidas y bajadas del estado de ánimo, etc.
Estrógeno y Progesterona
Ha terminado la etapa de la travesía por la niñez; los padres se encuentran en que están en una etapa que se parece a andar pisando huevos entorno a una criatura caprichosa, temperamental y tozuda; todo este drama se debe a que el intervalo de la infancia y de la pubertad ha terminado:
La glándula pituitaria salta a la vida cuando los frenos químicos que la detenían se sueltan por efecto de las células hipotalámicas, como resultado, será la primera vez desde la pubertad infantil que el cerebro de la adolescente esté invadido por niveles elevados de estrógeno.
De hecho, experimentará cerebralmente las irrupciones conjuntas de estrógeno y progesterona, que acuden en repetidas ondas mensuales desde sus ovarios, y que varían de día a día y semana a semana.
Estas hormonas alimentan muchos circuitos cerebrales que habían quedado instalados en la vida fetal, y que hacen que las adolescentes sean más sensibles a los matices emocionales, tales como la aprobación/desaprobación, aceptación/rechazo; así como no saber cómo interpretar la atención sexual recién descubierta (¿es atractiva o no?) haciendo que por momentos, la confianza en sí misma sea absoluta pero en otros esté en precario.
Sus circuitos cerebrales alimentados por el estrógeno hacen que responda al estrés buscando la protección y la creación de redes sociales. Aborrece los conflictos relacionales, ya que el rechazo social dispara en GRADO SUMO la respuesta de su cerebro al estrés.
En las dos últimas semanas del ciclo, cuando la progesterona es elevada, sin embargo reaccionará con irritabilidad creciente y querrá que la dejen tranquila.
Diferencias con los adolescentes varones
Cómo hemos comentado los circuitos de relación social y verbal, están, por naturaleza, más representados en el cerebro femenino. Las oleadas de estrógeno en las chicas activan a la oxitocina y a las áreas específicas del sexo femenino que corresponden al habla, seducción y el trato social.
Así, las jóvenes de esta edad encuentran un alivio psicológico en compañía de otras chicas; el lenguaje es el pegamento que conecta a las mujeres entre sí y es frecuente que algunas áreas del lenguaje sean mayores en las mujeres que en el hombre y que en general hablen más que ellos; y aunque el varón iguale en vocabulario a la mujer se ha encontrado que no es así en la rapidez.
¿Por qué las chicas están tanto tiempo al teléfono o van juntas al baño? Sencillamente están intercambiando información para crear lazos de amistad e intimidad con sus pares. Las conversaciones íntimas, las alianzas con sus reglas secretas, etc. es la actividad favorita de las adolescentes y su alivio ante los altibajos y el estrés propio de la edad.
La razón biológica para esta conducta de intimidad y necesidad de relación con sus pares a través de “la charla” es la activación de los centros de placer del cerebro femenino, sobre todo cuando las conversaciones se centran en temas románticos; se produce un flujo enorme de dopamina y oxitocina que constituye un gran deleite neurológico que estimulan la motivación a esta conducta de charlar e intimidad.
La oxitocina es una neurohormona que dispara la intimidad y cuando el estrógeno se eleva, el cerebro femenino es impulsado a fabricar más oxitocina y reforzar, así, sus lazos sociales, ya que la sensación es de placer y bienestar.
Esto ocurrirá desde esta etapa de la pubertad hasta el final de la vida fértil de una mujer.
Si una chica adolescente está constantemente mandando mensajes a sus amigos, esto le ayuda a atravesar los cambios estresantes que están ocurriendo en su vida de adolescente; siendo este un hábito difícil de reprimir dada su sensación de recompensa y bienestar.
Las chicas impulsadas por la motivación a relacionarse tanto con chicos como con sus pares femeninas desconocen que estos lazos de intimidad sólo le corresponden a ellas, como sexo femenino ya que la mayoría de los chicos no comparten este deseo intenso de comunicación verbal y por eso ellas pueden sentirse decepcionadas ante la falta de respuesta de los varones, las conversaciones telefónicas con ellos sufren de intervalos penosos mientras espera que él diga algo, a menudo, ella espera que él sea un oyente atento y no se da cuenta que su amigo varón está aburrido y simplemente desea volver a su videojuego.
La gran decepción femenina se empieza a producir en este momento con respecto a los varones, siendo una constante a lo largo de sus vidas con sus parejas; pero si el chico no ansía largas conversaciones no es culpa suya, en la adolescencia sus niveles de testosterona se elevan tanto que él desaparece en el seno de la adolescencia, refugiándose en sus compañeros, quiere que le dejen tranquilo en su habitación y con la familia se vuelven taciturnos y monosilábicos, deseando que les dejen a su aire y esto es porque las aportaciones de la testosterona hacen disminuir el interés por el trato social, excepto cuando implica acción o seguimiento sexual de hecho este último aspecto se convierte en su obsesión; estando a menudo completamente imbuidos en fantasías sexuales y necesitan masturbarse a menudo. Su resistencia a hablar con los adultos surge por la creencia a que estos adivinarán sus pensamientos centrados en el sexo, ya que les hace sentirse aislado y avergonzado y no es hasta el momento en que con sus pares de muchachos, comienzan a hablar del cuerpo femenino cuando dejarán de sentirse raros.
Se vuelve reacio a la intimidad verbal con las chicas aunque sueñe con hacer el amor con ellas; durante los años de la adolescencia, el cerebro de las chicas y chicos adolescentes, tienen prioridades muy diferentes.
Las chicas están motivadas a remediar e incluso evitar los conflictos sociales que les lleva a momentos de gran angustia cuando dos amigas se critican entre si ya que ella quiere mantener la relación a toda costa con las dos; el cerebro femenino reacciona con una alarma mucho más negativa ante el conflicto y el estrés, que no el cerebro masculino, llegando al temor y la preocupación de perder a una amiga. Entonces sustancias neuroquímicas como la serotonina, dopamina y oxitocina (hormona social) caen en picado y pasa a dominar el cortisol u hormona del estrés, reaccionando con angustia, aislamiento y temor al rechazo; cuando la oxitocina toca fondo, sufre una perturbación emocional.
Los centros emocionales en la adolescencia de una chica devienen altamente reactivos en esta época. El córtex prefrontal, aunque se ha desarrollado, las conexiones aún son pequeñas e inmaduras lo que da como resultado los cambios constantes de humor en parte por el aumento de los impulsos emocionales que proceden de la amígdala; esta inmadurez conductual es debida a la dificultad para asumir todo el tráfico emocional de su cerebro aún inmaduro; lo que les lleva a veces a aferrarse a una idea sin poder asumir sus consecuencias y se quejan de cualquier autoridad que reprima sus impulsos.
“SU CEREBRO TODAVÍA ESTÁ EN CONSTRUCCIÓN”
A lo que añadir los cambios de las condiciones hormonales durante el ciclo menstrual.
La depresión en la adolescencia es común en chicos y chicas, y ambos géneros sufren el mismo riesgo de tenerla, pero la posibilidad en las mujeres se duplica alrededor de los 15 años (dependiendo del desarrollo de cada niña) que le llevará al aislamiento social, pérdida de concentración, obsesión por su peso corporal, etc.
Será en este momento en el que la adolescente necesitará de un profesional psicólogo, siendo el método cognitivo-conductual el que ha demostrado ser el más eficaz en esta etapa.

-CÓMO AFECTAN LAS HORMONAS AL CARÁCTER DE UNA MUJER-
1º PARTE
Las hormonas juegan un gran papel –aunque no el único- en determinar qué le interesa hacer al cerebro. Ayudan a guiar las conductas alimentarias, sexuales, sociales y agresivas.
Aunque, más del 99% del código genético de los hombres y de las mujeres es exactamente el mismo, esta diferencia de porcentaje in fluye en cualquier pequeña célula de nuestro cuerpo, desde los nervios que reflejan placer y sufrimiento, hasta las neuronas que trasmiten percepción, pensamientos, emociones y sentimientos.
A través de los avances en endocrinología fetal, neuropsicología, la psiconeuroendocrinología, etc. se buscan enfoques para saber cómo están programados en el cerebro femenino los comportamientos concretos por una combinación de naturaleza y educación. A causa de este progreso, finalmente, entramos en una era en que las mujeres pueden comenzar a entender que su biología es distinta y cómo afecta a sus vidas.
FETO
Hasta que tiene ocho semanas, todo cerebro fetal parece femenino; la naturaleza efectúa la determinación del género femenino por defecto (todos al ser concebidos somos hembras). En el 2º mes se reflejará un enorme aflujo de testosterona que convertirá a este cerebro en masculino; el efecto de la testosterona, además de la diferenciación sexual externa, influye en el desarrollo de centros sexuales y de agresión y en la inhibición de algunas células en los centros de comunicación.
Si no se produce la llegada de esta hormona, entonces, el cerebro femenino continúa creciendo sin perturbaciones, las células del cerebro desarrollarán más conexiones en los centros de comunicación y de las áreas que procesan la emoción.
Esto hace que la primera cosa que el cerebro femenino induce a hacer a un bebé es precisamente estudiar los rostros.
Al no experimentar la irrupción de la testosterona en el útero materno hace que su potencial para desarrollar aptitudes en los terrenos de la comunicación, observación y procesamiento de la emoción, sea potencialmente mayor que en los varones.
Las niñas nacen interesadas en la expresión emocional.
Esto hace que las niñas busquen más el contacto visual que los varones; la falta de contacto visual hacia ella puede ser interpretado como una falta de valoración; así mismo, ser o no escuchada significará para ella si los demás la toman en serio, si una niña no consigue esta capacidad de empatía con los adultos se sentirá fracasada. Cuando en un contacto con los adultos, estos la escuchan atentamente, la niña se sentirá con confianza.
Esta aptitud conlleva a que le sea más fácil armonizar con los adultos, p. ej. Ante el llanto la visión de la cara de la madre tranquilizadora la hará serenarse. Pero obviamente, la conducta de una niña no sólo depende de sus genes sino también del ambiente.
Tenemos tendencia a proteger más a las niñas que a los varones, vemos más peligros para ellas al sentirlas más delicadas; si los padres cuando una niña se va a tirar por un tobogán no muestran una expresión de miedo o preocupación, la niña se lanzará; no nos olvidemos que nos observa e interpreta.
Dos niñas de 3 años, pueden dialogar y llegar a consensos: Si me dejas este patín yo te dejaré mi pala; con un niño de esta edad es más difícil, el niño le habría cogido el patín y ella acabaría llorando; la capacidad de razonamiento en el niño todavía no está tan desarrollada, dado que depende del lenguaje, que en general es superior, a estas edades, en las niñas.
Las niñas han heredado un programa genético que garantiza la armonía social
Testosterona versus estrógenos

PUBERTAD INFANTIL
Hacia los dos años y medio de edad termina la pubertad infantil. La corriente estrogénica que llega a los ovarios cesa temporalmente. Tanto los niveles de estrógenos como la testosterona se hacen muy bajos en los años de infancia para las chicas y los chicos. Este es un periodo tranquilo que precede a la explosión de la pubertad. Las niñas de dedican a su mejor amiga y no suele jugar con los niños.
Cómo hemos dicho, las aptitudes sociales, verbales y de relación de las niñas se desarrollan antes que en los chicos, que se divierten jugando a la lucha, a las amenazas y están menos inclinados a compartir, las niñas al verse presionadas por lo niños se retiran.
Pero, aunque la naturaleza intervenga en comportamientos sexuales, la experiencia, la práctica y la interacción con los demás pueden modificar las conductas. Las expectativas de los adultos con respecto a los comportamientos de las niñas/niños, desempeñan un papel importante en la configuración del patrón de comportamiento de unas y otros.
Si usted es padre o madre de una niña pequeña, ya sabe de primera mano que no siempre es tan obediente y dócil como la cultura nos quiere hacer creer que debería ser. Muchos padres has visto evaporarse esta creencia cuando la pequeña no consigue lo que quiere. La agresividad del cerebro femenino protege lo que es importante para él, que siempre, inevitablemente es la relación. Así la niña camina por la delgada línea que separa el hecho de estar segura de que se halla en el centro de su mundo de relaciones y el de arriesgar el rechazo de esas relaciones.
EL CEREBRO DE UNA ADOLESCENTE
La realidad de una adolescente del siglo XXI es explosiva; en esta etapa se intensifican todos los rasgos establecidos en el cerebro femenino durante la niñez; la comunicación, la relación social, el deseo de aprobación y la captación de indicios acerca de qué pensar o sentir. Tal es la época en que una muchacha se vuelve extremadamente comunicativa con sus amigas y forma unos grupos sociales muy bien entablados para sentirse segura y protegida.
Dentro de esta realidad impulsada por el estrógeno, la agresividad también representa un papel importante. El cerebro adolescente le hará sentirse poderosa, dotada siempre de razón y ciega ante las consecuencias. Sin tal impulso nunca sería capaz de crecer, pero adaptarse a él no es fácil. Empezará a experimentar su potencial femenino completo, que incluye el síndrome premenstrual, la rivalidad sexual y el control de grupos de chicas que suelen convertir los estados de su cerebro en una realidad conflictiva.
Ante esta 2ª pubertad, todo parece un drama: No puedo soportar esto, no te aguanto, no puedo ir al colegio porque tengo acné… Son años de turbulencia; su cerebro crece rápidamente, se reorganiza y se podan los circuitos neuronales, que dirigen el modo de pensar, sentir y actuar.
Está obsesionada con su aspecto, durante la pubertad toda la razón de ser biológica es sentirse sexualmente deseable; comienza entonces a compararse con sus iguales, las imágenes de los medios de comunicación. Dicho estado cerebral está creado por la oleada de nuevas hormonas que se encuentran en el lugar principal del proyecto genético de la mujer.
Las hormonas que afectarían a la respuesta del estrés social están por las nubes, que es de dónde sacan sus ideas “estrambóticas” y el porqué están constantemente mirándose al espejo.
Si los padres entienden los cambios biológicos que suceden en los circuitos cerebrales de la adolescente, pueden apoyar la autoestima y el bienestar de su hija durante estos años de turbulencias, subidas y bajadas del estado de ánimo, etc.
Estrógeno y Progesterona
Ha terminado la etapa de la travesía por la niñez; los padres se encuentran en que están en una etapa que se parece a andar pisando huevos entorno a una criatura caprichosa, temperamental y tozuda; todo este drama se debe a que el intervalo de la infancia y de la pubertad ha terminado:
La glándula pituitaria salta a la vida cuando los frenos químicos que la detenían se sueltan por efecto de las células hipotalámicas, como resultado, será la primera vez desde la pubertad infantil que el cerebro de la adolescente esté invadido por niveles elevados de estrógeno.
De hecho, experimentará cerebralmente las irrupciones conjuntas de estrógeno y progesterona, que acuden en repetidas ondas mensuales desde sus ovarios, y que varían de día a día y semana a semana.
Estas hormonas alimentan muchos circuitos cerebrales que habían quedado instalados en la vida fetal, y que hacen que las adolescentes sean más sensibles a los matices emocionales, tales como la aprobación/desaprobación, aceptación/rechazo; así como no saber cómo interpretar la atención sexual recién descubierta (¿es atractiva o no?) haciendo que por momentos, la confianza en sí misma sea absoluta pero en otros esté en precario.
Sus circuitos cerebrales alimentados por el estrógeno hacen que responda al estrés buscando la protección y la creación de redes sociales. Aborrece los conflictos relacionales, ya que el rechazo social dispara en GRADO SUMO la respuesta de su cerebro al estrés.
En las dos últimas semanas del ciclo, cuando la progesterona es elevada, sin embargo reaccionará con irritabilidad creciente y querrá que la dejen tranquila.
Diferencias con los adolescentes varones
Cómo hemos comentado los circuitos de relación social y verbal, están, por naturaleza, más representados en el cerebro femenino. Las oleadas de estrógeno en las chicas activan a la oxitocina y a las áreas específicas del sexo femenino que corresponden al habla, seducción y el trato social.
Así, las jóvenes de esta edad encuentran un alivio psicológico en compañía de otras chicas; el lenguaje es el pegamento que conecta a las mujeres entre sí y es frecuente que algunas áreas del lenguaje sean mayores en las mujeres que en el hombre y que en general hablen más que ellos; y aunque el varón iguale en vocabulario a la mujer se ha encontrado que no es así en la rapidez.
¿Por qué las chicas están tanto tiempo al teléfono o van juntas al baño? Sencillamente están intercambiando información para crear lazos de amistad e intimidad con sus pares. Las conversaciones íntimas, las alianzas con sus reglas secretas, etc. es la actividad favorita de las adolescentes y su alivio ante los altibajos y el estrés propio de la edad.
La razón biológica para esta conducta de intimidad y necesidad de relación con sus pares a través de “la charla” es la activación de los centros de placer del cerebro femenino, sobre todo cuando las conversaciones se centran en temas románticos; se produce un flujo enorme de dopamina y oxitocina que constituye un gran deleite neurológico que estimulan la motivación a esta conducta de charlar e intimidad.
La oxitocina es una neurohormona que dispara la intimidad y cuando el estrógeno se eleva, el cerebro femenino es impulsado a fabricar más oxitocina y reforzar, así, sus lazos sociales, ya que la sensación es de placer y bienestar.
Esto ocurrirá desde esta etapa de la pubertad hasta el final de la vida fértil de una mujer.
Si una chica adolescente está constantemente mandando mensajes a sus amigos, esto le ayuda a atravesar los cambios estresantes que están ocurriendo en su vida de adolescente; siendo este un hábito difícil de reprimir dada su sensación de recompensa y bienestar.
Las chicas impulsadas por la motivación a relacionarse tanto con chicos como con sus pares femeninas desconocen que estos lazos de intimidad sólo le corresponden a ellas, como sexo femenino ya que la mayoría de los chicos no comparten este deseo intenso de comunicación verbal y por eso ellas pueden sentirse decepcionadas ante la falta de respuesta de los varones, las conversaciones telefónicas con ellos sufren de intervalos penosos mientras espera que él diga algo, a menudo, ella espera que él sea un oyente atento y no se da cuenta que su amigo varón está aburrido y simplemente desea volver a su videojuego.
La gran decepción femenina se empieza a producir en este momento con respecto a los varones, siendo una constante a lo largo de sus vidas con sus parejas; pero si el chico no ansía largas conversaciones no es culpa suya, en la adolescencia sus niveles de testosterona se elevan tanto que él desaparece en el seno de la adolescencia, refugiándose en sus compañeros, quiere que le dejen tranquilo en su habitación y con la familia se vuelven taciturnos y monosilábicos, deseando que les dejen a su aire y esto es porque las aportaciones de la testosterona hacen disminuir el interés por el trato social, excepto cuando implica acción o seguimiento sexual de hecho este último aspecto se convierte en su obsesión; estando a menudo completamente imbuidos en fantasías sexuales y necesitan masturbarse a menudo. Su resistencia a hablar con los adultos surge por la creencia a que estos adivinarán sus pensamientos centrados en el sexo, ya que les hace sentirse aislado y avergonzado y no es hasta el momento en que con sus pares de muchachos, comienzan a hablar del cuerpo femenino cuando dejarán de sentirse raros.
Se vuelve reacio a la intimidad verbal con las chicas aunque sueñe con hacer el amor con ellas; durante los años de la adolescencia, el cerebro de las chicas y chicos adolescentes, tienen prioridades muy diferentes.
Las chicas están motivadas a remediar e incluso evitar los conflictos sociales que les lleva a momentos de gran angustia cuando dos amigas se critican entre si ya que ella quiere mantener la relación a toda costa con las dos; el cerebro femenino reacciona con una alarma mucho más negativa ante el conflicto y el estrés, que no el cerebro masculino, llegando al temor y la preocupación de perder a una amiga. Entonces sustancias neuroquímicas como la serotonina, dopamina y oxitocina (hormona social) caen en picado y pasa a dominar el cortisol u hormona del estrés, reaccionando con angustia, aislamiento y temor al rechazo; cuando la oxitocina toca fondo, sufre una perturbación emocional.
Los centros emocionales en la adolescencia de una chica devienen altamente reactivos en esta época. El córtex prefrontal, aunque se ha desarrollado, las conexiones aún son pequeñas e inmaduras lo que da como resultado los cambios constantes de humor en parte por el aumento de los impulsos emocionales que proceden de la amígdala; esta inmadurez conductual es debida a la dificultad para asumir todo el tráfico emocional de su cerebro aún inmaduro; lo que les lleva a veces a aferrarse a una idea sin poder asumir sus consecuencias y se quejan de cualquier autoridad que reprima sus impulsos.
“SU CEREBRO TODAVÍA ESTÁ EN CONSTRUCCIÓN”
A lo que añadir los cambios de las condiciones hormonales durante el ciclo menstrual.
La depresión en la adolescencia es común en chicos y chicas, y ambos géneros sufren el mismo riesgo de tenerla, pero la posibilidad en las mujeres se duplica alrededor de los 15 años (dependiendo del desarrollo de cada niña) que le llevará al aislamiento social, pérdida de concentración, obsesión por su peso corporal, etc.
Será en este momento en el que la adolescente necesitará de un profesional psicólogo, siendo el método cognitivo-conductual el que ha demostrado ser el más eficaz en esta etapa.

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