A mirada de mono desde los ojos de rata

En el pasado recorrió los callejones absorto en las ilusiones y
en las propias amenazas que éstas traen.
Sintiéndose siempre tacaño en sus sentimientos,
aunque entonces él no lo sabía.

La pesadumbre de la lenta historia,
tan larga como el olvido,
que se hacina en las memorias estancadas.

Alguna vez le dijeron “llegas tarde”, pero
el contestó serán las NUNCA en punto en
todas partes. Y es que sólo un loco salva
a un loco, porque locura es una forma atroz de
soledad.

En aquellos días marchaba solo entre una
multitud de la que huía sin saber a que renunciaba.
La sustancia a la que amó y a la que odió, ya
que se ama y odia a aquello que nos esclaviza.

Llegó a saber que el amor es droga dura, pero
también el desamor es fuerte, pero peor la
muerte que es una piedra, esa oscuridad
que no quiso conocer en vida.

Volvió a las calles de su nacimiento con el aspecto
del hombre que está lejos, incapaz de intercambiar
una sonrisa, clausuró bares, viendo partir las mujeres,
tras las prudentes bacanales sin poemas en donde
de su corazón no extraía un trapo blanco.

Astuto ratero intentando emborrachar la vida,
no quiso engaños de palomas.
así continuó en el distrito de los zoos donde
el gato del hastío mordisqueó un mazapán.

Su amnesia no le permitió ser loco poeta,
aunque llegó amar enrabietado, pero aunque
el mar se hundía el permaneció a bordo,
su corazón era una ganga entonces, cociéndose
en mundos subcutáneos.

Hasta que, como un extraño se miró enajenado
por mil paranoias, en una edad post-histórica que
oscurecía sus dientes, y buscó hallazgos florales
para evitar el estanque de sus tribulaciones.
Volvió a ser niño controlando el círculo vital
a través de la cuerda de un yo-yo. Que no se detenga el
disco….

Pero cada océano prepara su propia melodía,
y en la droga de los cuerpos no se encuentra
la opción.

Tras desvariadas navegaciones atracó en el
muelle del descalabro, llevando consigo
delirantes testimonios bajo el brazo, bolsas
de ropa sucia y algo de droga, además de una memoria
confusa de mujeres amadas despedidas, ciudades superpuestas
a nombres, estaciones de trenes, incurables heridas.
Deseaba las caricias a cambio de nada.

No quiso recordar nada, cualquier pensamiento hacia
atrás le produjo fastidio, semejante al dolor, una molestia
que no aceptaba, pero existen temporadas de inmensa
amargura a la que llega hastiado el habitante, un tiempo
insoportable, de heridas que no cierran.

Ya han pasado lo años y sus sombras dejaron pequeñas cicatrices
semejantes a rasguños y quizás ya sólo sea el nombre
de un capítulo antiguo.

Regreso vencido al origen eligiendo un semidesierto, inicio
cómplice con la traición entre engañosas caricias.
y el más proscrito de los corazones inventados volvió
a romperse, en otro inicio, en la esperanza a través
de otro pequeño SER, llamado HIJO.

Existen geografías humanas
que cruzan por tu vida como estrellas fugaces o meteoros

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