LA DEPENDENCIA EMOCIONAL AFECTIVA

La dependencia emocional Segunda Parte
LA DEPENDENCIA EMOCIONAL AFECTIVA
por:
Sílvia Congost
Terapeuta y Coach Personal
Especialista en Dependencia Emocional

LA DEPENDENCIA EMOCIONAL AFECTIVA

La Dependencia Emocional es una adicción hacia otra persona, generalmente la pareja. Cuando uno sufre dependencia, genera una necesidad desmesurada del otro, renunciando así a su libertad y empezando un camino de lo más tortuoso y desagradable, en que por cada minuto de falsa felicidad, derramamos litros y litros de lágrimas.
En todos las personas que sufren Dependencia Emocional, los síntomas son muy, muy parecidos.
Vamos a verlos.
Síntomas de la Dependencia
• Necesitar al otro

• Exigirle al otro que me dé más muestras de que está enamorado de mi, ya que si no, ya interpreto que “no soy importante para él” “que no me quiere”.

• Deseo de que en todo momento quiera estar conmigo, que me haga sentir constantemente que “soy su prioridad”, aunque a menudo, por la manera de ser del otro, no lo voy a sentir.

• Generar una gran necesidad de Control absoluto del otro (y esto lleva a discusiones en la relación)

• Dejar de ser yo, de comportarme de acuerdo con mi personalidad, para gustarle más al otro, para asegurarme de que el otro me siga eligiendo y no me deje. Incluso puedo llegar a hacer cosas que jamás me habría imaginado que iba a hacer (cosas incluso degradantes para mí) con tal de no perderle.

• Sentir un terrible pánico a que el otro me abandone.

• Se van dejando amigos de lado, seres queridos…ya que el mundo gira totalmente en torno a él, nos vamos aislando con el otro. Aunque el otro, a menudo, sigue con su vida de amigos y demás.

• Él se convierte en el centro de nuestra vida, de nuestros pensamientos y de nuestras preocupaciones. Nuestros problemas siempre giran en torno a esa persona.

• La relación nos genera ansiedad, no dormimos bien por las noches, a menudo tenemos ganas de llorar desconsoladamente y sintiendo una gran impotencia por la misma situación.

• Nos damos cuenta que estamos estancados, y aun así seguimos luchando.

• Acostumbran a ser relaciones en las que hay rupturas reiteradas y reiteradas reconciliaciones, siempre volviendo con los mismos propósitos de cambio una y otra vez, una y otra vez…aunque por supuesto, no cambie nada.

• A la persona dependiente, en realidad no le gusta cómo es el otro, ya que le hace sufrir mucho por su manera de ser y comportarse, por su personalidad…pero aun así no quiere dejar de luchar. Su vida se ha convertido en eso, una lucha que nos va marchitando, quitando la ilusión, nos va haciendo invisibles y a veces incluso nos enferma.

• Es probable que la persona dependiente tenga alguien con quién se desahoga explicándole lo que siente, pero se da cuenta que le cuenta una y otra vez la misma historia, tantas veces que en algún momento de lucidez toma conciencia de que aquello no funciona, pero se tapan los ojos y vuelven a intentarlo.

• A veces hay maltrato. No se da en el 100% de los casos, pero en muchos de ellos hay implícito un maltrato psicológico que se hace bastante evidente cuando en una terapia se empieza a analizar y profundizar en los detalles de la relación. A veces, incluso puede ser físico.

Debido a este maltrato, que para empezar ya hace que desaparezca el Respeto, la persona dependiente va perdiendo la Autoestima que le quedaba. Si se sentía poco importante y poco capaz, después de que su pareja le diga que no sirve para nada o que dónde va a ir, peor aún.
Cuando esto sucede aún es más difícil salir, y la ayuda terapéutica se hace bastante imprescindible.
A menudo hablo en femenino porque el porcentaje más alto de persones que lo sufren son mujeres, pero también hay algunos hombres y su vivencia es exactamente la misma.
Las Quejas

Como os comentaba antes, según mi experiencia, en TODOS los casos de Dependencia Emocional hay una NO ACEPTACIÓN del otro.
Para que me entendáis, la persona dependiente quiere al otro, quiere retenerlo, pero su manera de ser le saca de quicio. No le gusta que sea tan liberal, o tan independiente, o tan pasota, o tan egoísta, o tan poco comunicativo, o tan poco afectuoso, etc.
O sea, en otras palabras: NO LE ACEPTA COMO ES. Ahí empiezan las quejas, malas caras y reproches constantes para exigirle al otro que cambie. Que entienda que no tiene que ser así. Y yo digo, AH NO? Y por qué no? O sea, le queremos tanto y por otro lado no le permitimos que sea cómo es?
Y si tanto te disgusta como es…por qué no le sueltas y buscas a uno que sea como tu deseas???
Y aquí sí, la respuesta unánime de todos mis clientes es un fuerte y vigoroso: PORQUE LE QUIERO. Y se quedan tan contentos.
Y aquí es donde se debe empezar un proceso para comprender que lo llaman AMOR pero es DEPENDENCIA.
El otro, por su parte, no quiere cambiar. Siente que él no tiene ningún problema. Y la persona dependiente, aunque luche por aceptarlo, no puede porque eso significaría renunciar a quién es por completo.
“Aceptar que mi pareja quiera hacer cosas que las demás parejas hacen juntas, sin mí, me genera muchísima ansiedad”. En estos casos, a no ser que la otra persona esté dispuesta a modificar su conducta y se siga sintiendo cómodo (cosa que dudo), no podremos estar nunca tranquilos y en paz en esa relación.

Las rupturas
Cuando estás en una relación de pareja sana y equilibrada, no hay rupturas repetidas como en los casos de Dependencia. En éstos últimos, es muy frecuente escucharles contar que han dejado la relación varias veces, pero que a los pocos días de hacerlo, no lo pueden resistir y se reconcilian. Les gusta fantasear con la idea de que su amor es TAN fuerte que puede con todo, y que por ese motivo van a superar cualquier huracán.
Al volver, hablan largo y tendido de la relación, de lo que tiene que cambiar cada uno para que el otro esté a gusto, y no se dan cuenta de que el precio que ponen es tan alto que no están dispuestos a pagarlo. Y se vuelve a repetir la misma historia otra vez.

A menudo ya llega un punto en el que no saben ni a quién llamar para desahogarse, porque saben que van a explicar la misma historia que las últimas diez veces… curioso, no?

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